Es una potencia mitológica (que el poeta imagina con muchas cabezas) cuya destrucción es símbolo del poder desplegado por Dios en su creación. En el desarrollo rabínico posterior, el cuerpo del Leviatán servirá de comida en el banquete escatológico.
En Jb 40,25 parece poder identificarse con el cocodrilo, mientras que en Jb 3,8 podría ser una fuerza astral (adormecida), quizas la constelación del Dragón.
Lo que tienen en común estas poetizaciones es que es una potencia que el hombre no puede domeñar y Dios sí.