Sucedió a su padre en una parte de los territorios (Judea, Samaría, Idumea, y algunas grandes ciudades), pero Roma no le concedió el título de Rey, sino el de Etnarca (de menor rango). Su gobierno tuvo la peor de las reputaciones, y de hecho Roma lo destituyó con rapidez, en el año 6 d.C., por lo que gobernó apenas 9 años, y fue finalmente desterrado por Augusto a la Galia. Desde ese momento Judea pasó al control directo de Roma, aunque con distintas figuras de gobierno a lo largo del tiempo: primero fue semianexionada a la gobernación de Siria, con un gobernador propio de rango ecuestre (un "prefecto"), pero que en algunos temas debía responder ante el legado de Siria. Se va desarrollando esta cuestión en los distintos personajes implicados.