Es un centurión que está allí profesionalmente, no por ningún interés personal, y sin embargo llega a hacer confesión del Señor: "Verdaderamente (este/este hombre) era hijo de Dios" (Mt/Mc) o "ciertamente este hombre era justo" (Lc). En la leyenda posterior se lo identifica con el An: Soldado de la lanzada del que habla Juan 19,34, pero realmente no hay ningún motivo para hacerlo.