Haciendo cábalas con la posición en el listado de tres mujeres, el concordismo evangélico de los primeros siglos identificó a esta mujer con An: Madre de los hijos de Zebedeo de manera completamente innecesaria. Fue una de las tantas santas mujeres que acompañaron y asistieron a Jesús, de las que hace hermoso recuerdo Lc 8,1-3