No queda claro por el relato en sí mismo si el personaje debe entenderse como judío de la diáspora, prosélito o gentil, y algunos autores antiguos, como Eusebio de Cesarea, lo han considerado el primer gentil en llegar a la fe (Historia Eclesiástica II,1,13); no obstante es poco probable que, de haberlo considerado gentil, san Lucas lo hubiera incluido en el cap. 8, ya que en el plan narrativo de la obra la entrada de los gentiles es en el cap. 10, con toda solemnidad, y de la mano de Pedro, no de un personaje menor como en definitiva es Felipe (2). También hay cierta dificultad en considerarlo prosélito, ya que si era realmente eunuco, no podía ser prosélito. Es verdad que en oriente la palabra eunuco muchas veces designaba al funcionario real como tal, fuera o no fuera castrado. No hay ninguna dificultad en considerarlo judío de la diáspora, ya que la diáspora judía en Egipto, sobre todo al sur del país, era muy amplia y diversificada.