A pesar de que la figura de Pablo es un gran polo de atracción que eclipsa a casi todas las demás figuras apostólicas de Hechos, no hay duda de que Apolo se distinguió, y así surge, no sólo de Hechos, sino también de las cartas paulinas. Hech 18,24 lo identifica como judío alejandrino, es decir, judío de la diáspora (en el siglo I, una quinta parte de la población de la gran ciudad egipcia era judía).
Es inexplicable que el Martirologio Romano actual, que incorpora muchas de las más importantes figuras del NT, no lo incluya en su repertorio. En la tradición hagiográfica se lo consideró obispo de Corinto o de Iconio, y su memoria santoral se suele ubicar el 9 de diciembre. Como a muchos varones apostólicos, también de Apolo se llegó a decir que fue uno de los 72 evangelizadores enviados por Jesús en Lc 10,1, sin ninguna prueba, naturalmente. Una curiosidad es que Martín Lutero le atribuyó la redacción de Carta a los Hebreos.