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El Testigo Fiel
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Documentación: Pablo VI, papa
En Castelgandolfo, san Pablo VI, papa, que llevó a término el Concilio Ecuménico Vaticano II, convocado por su predecesor, y supo testimoniar, en años difíciles, la fe en Jesucristo. Su memoria litúrgica se celebra el 29 de mayo.

La gloria de los mártires, signo de regeneración

fuente: De la homilía pronunciada en la canonización de los mártires de Uganda (AAS 56 [1964], 905-906)
Se utiliza en: San Carlos Luanga y compañeros, mártires (lecc. único) (3/6)

Estos mártires africanos vienen a añadir a este catálogo de vencedores, que es el martirologio, una página trágica y magnífica, verdaderamente digna de sumarse a aquellas maravillosas de la antigua África, que nosotros, modernos hombres de poca fe, creíamos que no podrían tener jamás adecuada continuación.

¿Quién podría suponer, por ejemplo, que a las emocionantísimas historias de los mártires escilitanos, de los cartagineses, de los mártires de la «blanca multitud» de Útica, de quienes san Agustín y Prudencio nos han dejado el recuerdo, de los mártires de Egipto, cuyo elogio trazó san Juan Crisóstomo, de los mártires de la persecución de los vándalos, hubieran venido a añadirse nuevos episodios no menos heroicos, no menos espléndidos, en nuestros días?

¿Quién podía prever que, a las grandes figuras históricas de los santos mártires y confesores africanos, como Cipriano, Felicidad y Perpetua, y al gran Agustín, habríamos de asociar un día los nombres queridos de Carlos Luanga y de Matías Mulumba Kalemba, con sus veinte compañeros? Y no queremos olvidar tampoco a aquellos otros que, perteneciendo a la confesión anglicana, afrontaron la muerte por el nombre de Cristo.

Estos mártires africanos abren una nueva época, quiera Dios que no sea de persecuciones y de luchas religiosas, sino de regeneración cristiana y civil.

El África, bañada por la sangre de estos mártires, los primeros de la nueva era -y Dios quiera que sean los últimos, pues tan precioso y tan grande fue su holocausto-, resurge libre y dueña de sí misma.

La tragedia que los devoró fue tan inaudita y expresiva, que ofrece elementos representativos suficientes para la formación moral de un pueblo nuevo, para la fundación de una nueva tradición espiritual, para simbolizar y promover el paso desde una civilización primitiva -no desprovista de magníficos valores humanos, pero contaminada y enferma, como esclava de sí misma- hacia una civilización abierta a las expresiones superiores del espíritu y a las formas superiores de la vida social.

Otras lecturas del mismo autor

El ejemplo de Nazaret - [Alocución en Nazaret 5-I-1964]
Rasgad los corazones, no las vestiduras - [Constitución apostólica «Paenitemini» (AAS t. 58. 1966, 178-179)]
María, Madre de la Iglesia - [De la alocución en la clausura de la III sesión del Concilio Vaticano II (21 de noviembre de 1964: AAS 56 [1964], 1015-1016)]
Eficacia pastoral del culto tributado a la Virgen - [De la exhortación apostólica Marialis cultus (AAS 66[1974], 113-168)]
Estuve enfermo, y me visitasteis - [De la homilía pronunciada en la canonización (25 de enero de 1970; AAS 62[1970], 82-88)]
Es necesario conocer al hombre para conocer a Dios - [De las Homilías (en la última sesión pública del Concilio Vaticano II, 7 de diciembre de 1965: AAS 58 [1966] 53. 55-56. 58-59)]
Predicamos a Cristo hasta los confines de la tierra - [Homilía pronunciada en Manila 29 noviembre 1970]
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