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El Testigo Fiel
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Documentación: Juan de Ávila, presbítero
Memoria de san Juan de Ávila, presbítero y doctor de la Iglesia, que falleció en Montilla, lugar de Andalucía, en España; había recorrido toda la región de la Bética predicando a Cristo, y después, habiendo sido acusado injustamente de herejía, fue recluido en la cárcel, donde escribió la parte más importante de su doctrina espiritual.

El amor de Cristo mira siempre en el Eterno Padre

fuente: (Tratado del amor de Dios, 1. 2. 4: Madrid 2004)
Se utiliza en: San Juan de Ávila, presbítero y doctor de la Iglesia (lecc. único) (10/5)

La fuente que más mueve nuestro corazón al amor de Dios es la consideración profunda del amor que nos tuvo él, y con él, su Hijo muy bendito, nuestro Señor. Esto mueve más el corazón a amar que los beneficios; porque el que hace a otro el bien, le da algo de lo que tiene; pero el que ama, se da a sí mismo con todo lo que tiene, sin que le quede nada por dar.

Veamos ahora, Señor, si tú nos amas; y si es que nos amas así, ¡qué grande es el amor que nos tienes!

Los padres aman mucho a los hijos, pero ¿acaso nos amas tú como padre? Nosotros, no hemos entrado en lo íntimo de tu corazón, Dios mío, para descubrir esto; pero tu Unigénito, que descendió desde ti y nos dio signos de esa intimidad, nos mandó que te llamásemos «Padre» por la grandeza del amor que nos tenías; y, sobre todo, nos enseñó que no llamásemos a nadie en esta tierra padre, porque solo tú eres nuestro Padre. Porque así como solo tú eres bueno por la eminencia de tu infinita bondad, así solo tú eres Padre. Y tanto lo eres y tales obras haces que, en comparación de tus entrañas paternales, no hay nadie que pueda llamarse así.

Y si todavía eres incrédulo a este amor, considera todos los beneficios que Dios ha realizado, porque todos ellos son signo y testimonio de ese amor.

Calcula cuántos son todos ellos y hallarás que todo cuanto hay en el cielo y en la tierra, y todo lo que hay en tu cuerpo, huesos y sentidos, y todas las horas y momentos que vives en la vida, todos son beneficios del Señor. Considera también cuántas buenas inspiraciones has recibido y cuántos beneficios has tenido en esta vida; de cuántos peligros te ha librado y cuántas enfermedades y desastres podrías haber sufrido si él no te hubiera librado. Todo esto son señales y demostraciones de amor. Y finalmente, pon los ojos en todo este mundo, hecho para ti por solo amor; todo él y todas las innumerables cosas que contiene significan amor, predican amor, y te demandan amor.

Y ahora veamos qué grande fue el amor que nos tuvo ese Hijo que nos diste. ¡No hay lengua alguna que abarque a decirlo! Algunos en su ignorancia y necedad no alcanzan a comprender la grandeza de este amor, porque el amor de ellos nace de la perfección de la cosa amada.

Pero el amor de Cristo no nace de la perfección que hay en nosotros, sino de lo que él es y posee, que es su propia contemplación en el eterno Padre.

Otras lecturas del mismo autor

Porque la vida de Jesucristo sea manifiesta en nosotros - [(Carta 58, a unos amigos suyos: BAC 313, Obras completas del santo maestro Juan de Ávila, 5, pp. 298-299)]
El sacerdote debe ser santo - [(Plática enviada al padre Francisco Gómez, S.I., para ser predicada en el Sínodo diocesano de Córdoba del año 1563: BAC 304, Obras completas del santo maestro Juan de Ávila, 3, pp. 364-365. 370.373)]
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