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El Testigo Fiel
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Documentación: Beda el Venerable, presbítero
San Beda el Venerable, presbítero y doctor de la Iglesia, el cual, servidor de Cristo desde la edad de ocho años, transcurrió toda su vida en el monasterio de Wearmouth, en el territorio de Northum-bría, en Inglaterra, dedicado a la meditación y a la exposición de las Escrituras. Entre la observancia de la disciplina monástica y el ejercicio cotidiano del canto en la iglesia, sus delicias fueron siempre estudiar, enseñar o escribir.

El Hijo del hombre vendrá con la gloria de su Padre

fuente: Homilías (Hom. 1, 24: CCL 122, 170-171)
Se utiliza en: Viernes, XXIII semana del Tiempo Ordinario (par)

Habiendo dispuesto nuestro Señor y Redentor que sus elegidos entrasen, a través de los trabajos de la presente vida, en aquella vida de futura felicidad, exenta de trabajo, describe en su evangelio unas veces los sudores de los combates temporales y otras las palmas de los premios eternos, de modo que al oír lo inevitable de la lucha, caigan en la cuenta de que en esta vida no deben aspirar al descanso y, por otra parte, la dulzura de la futura retribución haga más llevaderos los males transitorios, que esperan ser remunerados con bienes eternos.

El Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Este texto designa clarísimamente el día del juicio final, cuando con gran poder y gloria vendrá a juzgar al mundo el que en otro tiempo vino, en la humildad y la abyección, a ser juzgado por el mundo; cuando con rigor de juez exigirá la perfección de las obras de aquellos a quienes, con largueza misericordiosa, había previamente distribuido la gracia de sus dones; cuando, pagando a cada uno según su conducta, conducirá a sus elegidos al reino del Padre, mientras que arrojará a los réprobos con el diablo al fuego eterno.

Bellamente se dice que el Hijo del hombre vendrá con la gloria de su Padre. Realmente el Hijo del hombre vendrá con la gloria del Padre, porque el que en la naturaleza humana es menor que el Padre, en su divinidad posee una y misma gloria con el Padre, siendo como es verdadero hombre y verdadero Dios en todo el rigor de la expresión.

Y con razón llena de alegría a los justos y de terror a los contumaces lo que sigue: Y entonces pagará a cada uno según su conducta, pues los que obrando ahora el bien son afligidos por la inicua opresión de los malvados, esperan con ánimo confiado el momento en que el justo juez los librará no sólo de las injurias de los injustos, sino que les entregará la recompensa debida a su justicia y a su paciencia. En cambio, los que viviendo licenciosamente tachan de negligencia la paciencia del juez, al arrepentirse demasiado tarde, serán fulminados por la justa sentencia de eterna condenación. Sintoniza con esta evangélica sentencia lo que dice el salmista: Voy a cantar la bondad y la justicia, Señor.

Dice que va a cantar primero la misericordia y, luego, la justicia. Y con razón. Porque el Señor, que en su primera venida amablemente nos confió un depósito, nos lo exigirá y con todo rigor en la segunda. Y es, por el contrario, justo que el perverso, que desprecia la misericordia que Dios le brinda, sienta un terror pánico ante el estricto juicio del Señor.

Ahora bien, el que tiene conciencia de haber recibido agradecido la gracia de la misericordia, es normal que espere alegre la decisión de la justicia y, en consecuencia, espontáneamente entone un canto a su juez pregonando su bondad y su justicia. Mas como es un misterio para todos el día del juicio universal, como es incierto para cada cual la hora de su muerte, y la presente aflicción podría parecer demasiado larga a los que vivían en la ignorancia del momento en que recibirían por fin el descanso prometido, quiso el piadoso Maestro manifestar anticipadamente los goces de la eterna promesa a algunos de sus discípulos mientras todavía vivían en la tierra, a fin de que tanto los que lo habían visto, como todos a quienes llegase la noticia de lo ocurrido pudiesen sobrellevar más fácilmente las actuales adversidades, recordando frecuentemente el don de la futura retribución que esperaban. Por eso prosigue el texto: Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin antes haber visto llegar al Hijo del hombre con majestad.

Otras lecturas del mismo autor

Precursor del nacimiento y de la muerte de Cristo - [(Homilía 23: CCL 122,354.356-357)]
Magnificat - [De la Exposición sobre el evangelio de san Lucas (Libro 1,46-55; CCL 120, 37-39)]
Raza elegida, sacerdocio real - [Del comentario a la primera carta de San Pedro 2]
Jesús lo vio y, porque lo amó, lo eligió - [Homilía 21 (CCL 122,149-151)]
Somos el pueblo de Dios - [Homilías (Homilía 1, 16: CCL 122, 117-118)]
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