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El Testigo Fiel
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Documentación: Lorenzo de Brindis, presbítero
San Lorenzo de Brindis, presbítero y doctor de la Iglesia, de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, predicador incansable por las regiones de Europa, que, de carácter sencillo y humilde, cumplió fielmente todas las misiones que se le encomendaron, como defender la Iglesia contra los infieles, reconciliar a los príncipes enfrentados y llevar el gobierno de su Orden religiosa. Murió en Lisboa, en Portugal, el veintidós de julio de 1619.

Tanto amó Dios al mundo

fuente: Homilías (Hom. 1, 5-6 en el lunes después de Pentecostés: Opera omnia, t. 8, 1943, 85-87)
Se utiliza en: XXIX Domingo del Tiempo Ordinario (par)

Éste es el antídoto contra el mortífero veneno del pecado: una fe verdadera y viva en Cristo, una fe activa en la práctica del amor, del amor, sí, y de la caridad de Dios, ya que quien no tiene la caridad de Dios, no tiene a Dios: El que no ama permanece en la muerte.

Esta es la causa de la condenación, éste es el motivo por el que el mundo merece ser juzgado y condenado: que la luz vino al mundo, Dios se ha hecho hombre, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, la criatura al Creador, los errores, los vicios, los pecados, la muerte a la verdad, a las virtudes, a la gracia y a la vida eterna; prefirieron el mal al bien, llamando al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas.

Atención, pues, hermano, no sea que prefieras las tinieblas a la luz. Algo tienes que amar, pues al corazón le es tan connatural el amor como al fuego el calor y la luz al sol. Como objeto del amor se te proponen la luz y las tinieblas, Dios y el mundo, la virtud y el vicio, la vida y la muerte, el bien y el mal. Mira lo que vas a elegir: si prefieres las tinieblas a la luz, lo amargo a lo dulce, permaneces en la muerte. Dios es luz, el mundo, tiniebla; Dios es oro, el mundo, barro.

¡Ah, por favor, no seamos ingratos! Si Dios nos ama de todo corazón como un padre a sus muy amados hijos, más aún, como una madre amantísima -¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré-, amemos nosotros a Dios, como unos hijos buenos aman al mejor de los padres. Fíjate, oh hombre, cómo te amó Dios, que entregó a su Hijo único por ti, por tu salvación personal: Vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí; Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

Tanto amó Dios al mundo. Cuando el pueblo de Israel era gravemente oprimido en Egipto por la cruel tiranía del Faraón, Dios, movido a compasión, bajó del cielo y se apareció a Moisés. Se le apareció envuelto en las llamas de un fuego ardentísimo y en medio de las zarzas. ¿Qué significa todo esto? Cuando alguien quiere ponderar su gran amor por el amigo, dice: «¡Por ti me arrojaría al fuego!» Por eso Dios se apareció envuelto en llamas y en medio de las zarzas para demostrarnos el vehementísimo amor que siente por nosotros y que estaba dispuesto a padecer atroces tormentos por nosotros, como lo demuestra la pasión de Cristo.

Por esta razón, cuando bajó a entregarnos la ley, descendió también envuelto en llamas y en medio de tinieblas. Las llamas designan la pasión de las penas; las tinieblas, la muerte y la privación de todos los bienes; pues para dar al hombre la fuerza sobrenatural de observar la ley y así tener acceso a la vida eterna, para esto tenía que venir Dios a sufrir muchos tormentos y a morir. Así es de sabio, próvido, justo, fuerte, paciente, pío, leal el amor divino, adornado de toda clase de virtud.

Otras lecturas del mismo autor

La predicación es una función apostólica - [(Sermón cuaresmal 2: Opera omnia 5,1, núms. 48.50.52)]
Llora Cristo por la sinagoga, a la que tanto amaba - [Homilías (Homilía en el domingo noveno de Pentecostés 2, 6-7: Opera omnia, t. 8, 514-517)]
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