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El Testigo Fiel
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Documentación: León Magno, papa y doctor de la Iglesia
Memoria de san León I, papa y doctor de la Iglesia, que, nacido en Etruria, primero fue diácono diligente en la Urbe, y después, elevado a la cátedra de Pedro, mereció con todo derecho ser llamado «Magno», tanto por apacentar a su grey con una exquisita y prudente predicación como por mantener la doctrina ortodoxa sobre la encarnación de Dios, valientemente afirmada por los legados del Concilio Ecuménico de Calcedonia, hasta que descansó en el Señor en Roma, donde, en este día, tuvo lugar su sepultura en San Pedro del Vaticano.

Entended el misterio de un amor tan grande

fuente: Sermones (Sermón 2, 3-5 en la resurrección del Señor: CCL 138A, 443-446)
Se utiliza en: Lunes, II semana de Pascua (impar)

Carísimos:

Si creemos sin vacilar allá en el corazón lo que nuestros labios confiesan, somos nosotros los que en Cristo hemos sido crucificados, muertos, sepultados, nosotros los que asimismo en él hemos resucitado al tercer día.

Por eso dice el Apóstol: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vuestra vida, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él en la gloria.

Y para que los corazones fieles sepan que disponen de los medios necesarios para elevarse a la sabiduría que viene de lo alto, despreciando las concupiscencias del mundo, el Señor nos hace el regalo de su presencia en estos términos: Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. No en vano había prometido el Espíritu Santo por boca de Isaías: Mirad: la Virgen está encinta y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel (que significa «Dios-con-nosotros»). Así pues, Jesús llena el cometido de su nombre y, si sube a los cielos, no abandona a los que ha adoptado, el que se sienta a la derecha del Padre, es el mismo que habita en todo el cuerpo; y el que aquí abajo nos estimula a la paciencia, es el mismo que desde arriba nos invita a la gloria.

Ni entre las vanidades hemos de perder el seso, ni entre las adversidades echarnos a temblar. Pues en la primera disyuntiva nos halagan las decepciones y, en la segunda, se cargan las tintas sobre las

fatigas. Pero como la misericordia del Señor llena la tierra, por todas partes nos topamos con la victoria de Cristo, y se cumple lo que él dijo: Tened valor: Yo he vencido al mundo. Si nos abstenemos de la vieja levadura de la maldad, nos mantendremos en una ininterrumpida fiesta pascual.

Pues entre todas las vicisitudes de la vida presente, colmada de pasiones las más diversas, hemos de recordar la apostólica exhortación, que nos instruye de esta forma: Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse a la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el ««Nombre-sobretodo-nombre».

Que es como si dijera: si comprendéis el misterio de un amor tan grande, y caéis en la cuenta de lo que el Hijo unigénito de Dios hizo por la salvación del género humano, tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús, cuya humildad ningún rico debe despreciar, de cuya humildad ningún noble ha de enrojecer. Imitad lo que ha hecho; amad lo que él amó y, reconociendo en vosotros la gracia de Dios, amad en él vuestra propia naturaleza. Y así como él no perdió sus riquezas haciéndose pobre, ni la humildad disminuyó su gloria, ni perdió la eternidad asumiendo una naturaleza mortal, lo mismo vosotros: siguiendo sus mismos pasos y pisando sobre sus mismas huellas, despreciad los bienes terrenos, para que consigáis los celestiales. Tomar la cruz es, en efecto, matar la concupiscencia, eliminar los vicios, poner en fuga la vanidad, y abdicar de todos los errores.

Otras lecturas del mismo autor

María, antes de concebir corporalmente, concibió en su espíritu - [(Sermón 1 en la Natividad del Señor, 2.3. PL 54,191-192)]
En Pedro permanece lo que Cristo instituyó - [(Sermón 3 en el aniversario de su consagración episcopal, 2-3: PL 54,145-146)]
La Iglesia de Cristo se levanta sobre la firmeza de la fe de Pedro - [(Sermón 4 en el aniversario de su consagración episcopal, 2-3; PL 54,149-151)]
Purificación espiritual por el ayuno y la misericordia - [(Sermón 6 sobre la Cuaresma, 1-2: PL 54,285-287)]
El misterio de nuestra reconciliación - [Carta a Flaviano (Carta 28,3-4 PL 54,763-767)]
El misterio de nuestra reconciliación - [Cartas (Carta 31, 2-3: PL 54, 791-793)]
Somos templo del Dios vivo - [De los tratados sobre el ayuno cuaresmal (1.2.3.4: CCL 138A, 252.253.254.255)]
Los días que transcurrieron entre la resurrección del Señor y su ascensión - [Sermón 1, sobre la Ascensión del Señor (2-4: PL 54, 395-396)]
Reconoce la dignidad de tu naturaleza - [Sermón 7 en la Natividad del Señor 2,6]
La cruz de Cristo, fuente de todas las gracias - [Sermón 8 sobre la pasión del Señor 6-8]
Dios ha manifestado su salvación en todo el mundo - [Sermón en la Epifanía del Señor 3,1-3.5]
Reconoce, cristiano, tu dignidad - [Sermón en la Natividad del Señor 1,1-3]
El nacimiento del Señor es el nacimiento de la paz - [Sermón en la Natividad del Señor 6,2-3.5]
La Ascensión del Señor aumenta nuestra fe - [Sermón sobre la Ascensión del Señor2,1-4]
Cristo vive en su Iglesia - [Sermón sobre la Pasión 12,3,6-7]
Meteré mi ley en su pecho - [Sermón sobre las bienaventuranzas (Sermón 95, 1-2: CCL 138A, 582-584)]
Dichosos los pobres en el espíritu - [Sermón sobre las bienaventuranzas (Sermón 95, 2-3: CCL 138A, 584-585)]
La dicha del reino de Cristo - [Sermón sobre las bienaventuranzas (Sermón 95, 4-5: CCL 138A, 585-587)]
Feliz el alma que ambiciona este manjar - [Sermón sobre las Bienaventuranzas (Sermón 95, 6-7: CCL 138A, 587-588)]
Mucha paz tienen los que aman tu nombre, Señor - [Sermón sobre las Bienaventuranzas (Sermón 95, 8-9: CCL 138 A, 588-590)]
La sabiduría cristiana - [Sermón sobre las bienaventuranzas 95,6-8]
Mucha paz tienen los que aman tus leyes - [Sermón sobre las bienaventuranzas 95,8-9]
Cual sea el trabajo de cada uno, tal será su ganancia - [Sermones (Serm. 92, 1.2.3: PL 54, 454-455)]
Del bien de la caridad - [Sermones (Sermón 10, 3-5 sobre la Cuaresma: PL 54, 299-301)]
Contemplación de la pasión del Señor - [Sermones (Sermón 15, 3-4 sobre la Pasión del Señor: PL 54, 366-367)]
El especial servicio de nuestro ministerio - [Sermones (Sermón 4,1-2: PL 54,148-149)]
En la inmolación de Cristo está la verdadera Pascua y el único sacrificio - [Sermones (Sermón 60, 1-2, sobre la Pasión del Señor: CCL 138A, 363-365) ]
Pedro y Pablo, dos vástagos plantados por Dios - [Sermones (Sermón 82, en el natalicio de los apóstoles Pedro y Pablo, 1,6-7: PL 54,426-428)]
La cruz de Cristo, fuente de todas las bendiciones y origen de todas las gracias - [Tratado sobre la Pasión del Señor (Tratado 59, 4-6: CCL 138A, 354-359)]
Y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios - [Tratados (Tratado 36 ,1-2 CCL 138, 195-196)]
El momento es apremiante - [Tratados (Tratado 90, 2-3: CCL 138A, 558-561)]
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