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El Testigo Fiel
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Documentación: Hipólito de Roma, presbítero y mártir
Santos mártires Ponciano, papa, e Hipólito, presbítero, que, deportados al mismo tiempo a Cerdeña, ambos afrontaron allí una condena común y fueron ceñidos, según la tradición, con una única corona. Sus cuerpos, finalmente, fueron trasladados a Roma, el primero al cementerio de Calixto, y el segundo al cementerio de la vía Tiburtina.

Los santos profetas se han convertido en ojos para nosotros

fuente: Tratado sobre el fin de los tiempos (Tratado 2: Edit CSCO vol 264 [Scriptores Iberici t. 16], 55)
Se utiliza en: Lunes, XXIX semana del Tiempo Ordinario (impar)

Los profetas se han convertido en ojos para nosotros, porque previeron en la fe el misterio del Verbo. Si anunciaron a su posteridad las cosas futuras, a nosotros, sin embargo, no sólo nos anunciaron lo que ya había sucedido — como si hubieran sido profetas únicamente en función de una sola generación —, sino que también a nosotros nos anunciaron cosas que habían todavía de suceder en beneficio de todos. Debía, en efecto, ser llamado profeta quien realmente era profeta.

Todos estos hombres, fortalecidos con el espíritu de profecía y dignamente honrados por la misma palabra de Dios, algunos de ellos unidos como las cuerdas de una cítara tocada por el plectro, nos anunciaban lo que Dios quería. Pues no profetizaron nada por propio impulso, con el propósito de engañarte. Ni predicaban lo que querían, sino que, primeramente y mediante la palabra, llegaban a una recta inteligencia, y después, a través de visiones, se les enseñaba a ser mejores. De esta forma, cuando recibían el mandato, expresaban correctamente la revelación que sólo a ellos les hacía Dios. De otra suerte, ¿cómo hubieran podido profetizar como profetas?

Lo que del futuro preveían bajo el impulso del Espíritu nos lo anunciaban a nosotros; y ciertamente no se limitaban a decir cosas relativas al pasado, cosas que todo el mundo podía ver, sino que realmente nos anunciaron el futuro. Por esta razón fueron considerados como profetas. También por esta razón, ya desde el principio, los profetas fueron llamados «previdentes».

Instruidos por los que de entre ellos han hablado correctamente, también nosotros predicamos. Y no es que, basados en nuestra propia sabiduría, nos lancemos a difundir cosas nuevas, sino que las palabras que desde el principio fueron pronunciadas y escritas, nosotros las recibimos en la plenitud de los tiempos y las ilustramos en beneficio de aquellos a quienes les fue dado creer rectamente, a fin de que a ambos sirvan de común utilidad: a aquellos que son atentos les manifestamos correctamente las cosas futuras, y a aquellos que presten oído a nuestras palabras les manifestaremos la fuerza de los dichos proféticos.

Otras lecturas del mismo autor

Manifestación del misterio escondido - [Contra la herejía de Noeto 9-12]
¡Oh mística largueza! ¡Oh Pascua divina! - [De una homilía atribuida (Homilía 6, 1. 5 en la Pascua: PG 59, 735. 743-746)]
David fue figura de Cristo - [Homilías (Homilía 1, 1-4. 2 sobre David y Goliat: CSCO 264 [Scriptores Iberici t. 16] 1-3)]
La Palabra hecha carne nos diviniza - [Refutación de todas las herejías 10,33-34]
El agua y el Espíritu - [Sermón en la Santa Teofanía 2.6-8.]
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