
El monje irlandés Sigisberto había seguido a san Columbano en su viaje por Europa. Hacia finales del siglo VII, Sigisberto se estableció como ermitaño en una celda cerca de Dissentis, allí se dedicó a predicar el Evangelio. Pronto se le unió Placido, de una rica familia del lugar. Pero hacia el 720 se opuso firmemente al gobernador Víctor de Chur, que creía que podría reclamar los derechos de la naciente abadía. Cuando el gobernador vio que no podía salirse con la suya, mandó matar a su oponente. La leyenda afirma que Plácido, muerto ya, fue a presentarse a Sigisberto con la cabeza en la mano, para dejar testimonio del martirio. Es importante consignar este inverosímil detalle de la leyenda, porque fue el punto más destacado por los pintores.
Sigisberto murió de muerte natural poco después y fue enterrado junto a su amigo Placido. Sobre su tumba se fundó el monasterio benedictino de Dissentis, cuyo abad, siglos más tarde, solicitó al papa Pío X la confirmación de culto inmemorial de los dos santos, que le fue concedida a la abadía.
«La Pasión de San Plácido» es un documento del siglo XII carente por completo de valor, como ha mostrado Delehaye; contiene gruesos anacronismos, y es completamente ajena a la historia del santo, aunque se presenta como escrita por su siervo Gordiano.
Con datos de AASS., 11 de julio. Ver Delehaye, Las leyendas de los santos.