
Benigna Cardoso da Silva nació el 15 de octubre de 1928 en Sitio Oiti, cerca de Santana do Cariri, Brasil, menor de los cuatro hijos de José Cardoso da Silva y Teresa Maria da Silva. Fue bautizada el 21 de octubre siguiente. Benigna no conoció a su padre, que murió antes de su nacimiento, y perdió a su madre con tan solo un año. Ella y los hermanos fueron adoptados por las hermanas Rosa y Honorina Sisnando Leite, dueña de Sotio Oitis, quienes también estaban interesadas en que Benigna asistiera a la escuela y la iglesia. La pequeña creció siendo una alumna devota y fiel, participaba en la Santa Misa y en las actividades de la parroquia de Santana. Además, hacía las tareas del hogar, asistiendo a las dos señoras mayores que la habían adoptado.
A los doce años se le acercó un niño matón, que comenzó a acosarla. Benigna, a quien no le interesaba iniciar una relación a tan corta edad, lo rechazó. Buscó la guía del párroco, quien le aconsejó que se mantuviera firme y le dio un libro ilustrado sobre historias bíblicas. El joven, sin embargo, siguió insistiendo cada vez con más intensidad, hasta llegar a formas de violencia.
Tras varios intentos fallidos, la tarde del 24 de octubre de 1941, cuando supo que Benigna sacaría agua de un pozo, decidió esperarla, escondido entre la vegetación. Luego la sorprendió y trató de agarrarla por la fuerza, pero Benigna mostró una resistencia considerable. Presa de la furia, el joven agarró un machete que traía consigo y lo golpeó cuatro veces: el primer golpe cercenó tres dedos de la mano derecha de la muchacha, que había hecho un gesto automático de defensa; el segundo la golpeó en la frente; el tercero, los riñones; el cuarto y fatal, en el cuello, que prácticamente le degolló. Al percatarse de su acción, el asesino se dio a la fuga. El cuerpo fue encontrado por un hermano suyo, que había salido a buscarla. Fue enterrada a la mañana siguiente en el cementerio público. Unos días después, el asesino fue capturado y encarcelado. Cincuenta años después volvió al lugar del crimen, que entretanto se había convertido en meta de peregrinación, y expresó su arrepentimiento.