
Daniel nació el 19 de octubre de 1911 en Aguaviva, provincia de Teruel y diócesis de Zaragoza. Sus padres se llamaban José y Dolores. Eran cuatro hermanos. La hermana mayor se llamaba Pilar, le seguía Pedro, que fue sacerdote, Daniel y José María. Daniel profesó como religioso marista, y José María murió en 1929 siendo seminarista en Vic (Barcelona). La familia Altabella-Gracia, educó a sus hijos con el esmero, la atención y el cuidado de quien cultiva simientes de vocación cristiana y religiosa.
El pueblo de Aguaviva tenía Ayuntamiento propio. Pertenece al Partido judicial de Castellote. Está asentado en un suave declive entre dos ríos, el Guadalope y el Bergantes. A finales de siglo y comienzos del s. xx, Aguaviva cuenta con 200 casas-hábitat, aunque no todas en buenas condiciones. Los hornos de pan y los molinos de aceite dan idea del trabajo y de la economía agrícola.
La escuela primaria contaba con cincuenta alumnos y estaba regida por un maestro. La iglesia parroquial, bajo la advocación de San Lorenzo mártir y de Santa Bárbara estaba regida por el párroco y tres beneficiados.
Los hábitos y costumbres culturales hacen de Aguaviva una zona de convivencia en la que se mezcla lo castellano, lo catalán y lo valenciano.
Este ambiente es el que vive en su primera infancia y su adolescencia se va forjando la personalidad de Daniel.
Hermanos y alumnos lo han recordado como profesor excelente. Unos dicen sencillamente: «se distinguió por el cumplimiento de sus deberes como educador»; otros añaden el gusto con que asistían a sus catequesis sabatinas.
Su vida como hermano marista la edificó con estos dos pilares: la educación y la catequesis sabática, fundamentada en la Virgen Maria.
Estos pilares debían aguantar su vocación docente. Se había preparado y se atisbaban ya las esperanzadoras columnas que sostendrían el edificio. Todo quedó en construcción ante los hombres, pero completo ante Dios.
Encarcelado por realizar apostolado, fue liberado en 1938 de la Cárcel Modelo de Barcelona, pero al salir volvió al apostolado activo, por lo que fue detenido y encarcelado de nuevo. En el barco-prisión, en el Castillo de Montjuïc, en el campo de concentración de Ogerns (Bassella, entre Ponts y Solsona), el H. Pablo Daniel siempre encontró la forma de ser apóstol. Lo prueba y relata el H. Floro (Larrea) que lo acompañó en varios lugares donde compartieron prisión.
Su compañero de prisión, Larrea, afirma que una noche, al carecer de todo, medio muertos de hambre, de frío y de miseria, sin ropa y llenos de parásitos molestos, le dijo el beato:
«Es verdad que aquí sufrimos inclemencias, pero los que están en libertad lo pasan mucho peor, añadiendo a continuación: Cuando Jesucristo recorría Palestina predicando la Buena Nueva, ¿no se alojaría de una manera semejante, cansado, hambriento y sufriendo por las inclemencias del tiempo? Aceptemos nuestra suerte y seamos animosos.»
Mostró sin rubor su constante fe y su carácter de religioso.
Hombre decidido y de capacidad intelectual extraordinaria, exponía claramente la verdad, sin miedo a la misma muerte. Sostenía con frecuencia polémicas religiosas con los marxistas de la cárcel.
Compadecido por su permanencia en el error religioso, engañados por sus jefes, buscaba su compañía y a semejanza de san Pablo, les argüía con razonamientos que les llegaban a confundir de su mala conducta y execrables asesinatos.
Ponía de relieve y sostenía ante ellos la santidad de la Iglesia perseguida y la pureza de su doctrina, la divinidad de Jesucristo y la eficacia de su Redención. La táctica y argumentación del Siervo de Dios eran sorprendentes.
Según testigos de visu, la iniciación de la polémica comenzaba en forma de conversación familiar, y poco a poco se elevaba el tono y el interés. Acudían a oírle los demás presos: sacerdotes, religiosos, seglares y hasta criminales. Sin preocuparse de sus antecedentes seguía la polémica en tono filosófico-teológico. Al fin, confundidos observaba como triunfaba la verdad que defendía.
Fue liberado de la prisión, pero cuando se huía en grupo para Francia, fue reconocido como religioso por un soldado republicano y asesinado en la frontera francesa. Era el 29 de enero de 1939.
Nota ETF: ni en esta ni en otros retratos biográficos que he consultado queda muy claro su traslado a Francia. En el sitio de Franciscanos (pero sin mención de fuente) dice que "en octubre de 1938 se alista con su quinta en el ejército republicano, en sanidad. Allí sigue manifestando en público sus convicciones religiosas, por lo que lo fusilan cerca de Figueras (Gerona)", algo muy distinto a estar huyendo.