
Lycarion May (en el siglo: François Benjamin), nació el 21 de julio de 1870 en la localidad de Bagnes (Suiza) y fue bautizado el día 24 del mismo mes. El ambiente familiar favoreció su vocación religiosa y, a los 18 años, fue acogido en el Instituto de los Hermanos Maristas. Tras la toma de los hábitos, el 15 de agosto de 1888, tomó el nombre de Lycarion. Al año siguiente fue enviado a Mataró, en Cataluña, y tras emitir la profesión perpetua, el 15 de agosto de 1893 fue trasladado a la comunidad de Girona, donde trabajó en la primera escuela dirigida por los Hermanos Maristas en España.
Tras una experiencia en el País Vasco como director de una guardería, fue llamado a Barcelona para fundar y dirigir una escuela llamada Patronato Obrero de San José, situada en el populoso barrio de Poblenou, en un contexto social difícil entre familias pobres y desfavorecidas. En ese mismo barrio había nacido en aquellos años la Escuela Moderna, con una ideología contraria a la religión, y también estaba presente la organización de los Jóvenes Bárbaros. Ambas se oponían abiertamente al Patronato Obrero de San José. El estallido de una revuelta popular, provocada por la fuerte tensión social, dio lugar a lo que se denominó la «Semana Trágica» de Barcelona, cuando la población, sobre todo la más pobre, se rebeló contra el servicio militar obligatorio decretado por el Gobierno español. Alimentada y apoyada por anarquistas, comunistas y republicanos, la rebelión degeneró en enfrentamientos abiertos, seguidos de saqueos e incendios de iglesias, conventos y escuelas católicas. En la noche del 26 al 27 de julio de 1909, el edificio escolar de los padres maristas fue incendiado. En la mañana del día 27, los religiosos fueron invitados con engaños a salir de la casa y, tan pronto como llegaron a la calle, se abrió fuego contra ellos. El hermano Lycarion, el primero del grupo, fue alcanzado mortalmente y su cuerpo, martirizado con piedras y machetes, fue recuperado posteriormente y enterrado en una fosa común en el cementerio de Montjuïc.
La reconstrucción histórica del contexto social, político y económico de la España de principios del siglo XX, concretamente durante la «Semana Trágica» de Barcelona, entre el 26 de julio y el 2 de agosto de 1909, ilustra el clima violentamente anticlerical suscitado por diversos grupos movidos por sentimientos antirreligiosos. En este contexto se produjo el martirio del hermano Lycarion a manos de los alborotadores, impulsados por el rechazo visceral de la labor educativa realizada por los Hermanos Maristas en el Patronato Obrero de San José. Aunque no se trató de una persecución religiosa propiamente dicha, los católicos eran particularmente odiados por los milicianos debido a su influencia en el ámbito social y cultural. El odio a la fe fue, por tanto, la causa principal de su asesinato, conocido como un religioso solícito y valiente, dedicado a la educación cristiana de los niños.
Los testigos coinciden en afirmar que la única causa de la muerte del hermano Lycarion fue el hecho de ser religioso y ejercer su apostolado como educador cristiano. En cuanto a su disposición al martirio, el hermano Lycarion vivió la misión educativa y pastoral con conciencia de la hostilidad reinante en el entorno, sin retroceder en su compromiso y testimonio cristiano durante los tres años de su presencia en Barcelona. El sacrificio de su vida representa, por tanto, la culminación de un camino coherente y consciente de compromiso apostólico. La fama de su martirio, difundida tras su asesinato, se confirmó posteriormente en los ambientes religiosos y pastorales maristas, sobre todo en España y Suiza, donde se conserva un vivo recuerdo.