
Los beatos Jan Bula y Václav Drbola, sacerdotes de la diócesis de Brno en Checoslovaquia (hoy República Checa), fueron encarcelados y asesinados entre 1951 y 1952, a causa de la persecución que el régimen comunista, instaurado en el país tras la Segunda Guerra Mundial, ejerció contra la Iglesia católica.
Jan Bula nació el 24 de junio de 1920 en el pueblo de Lukov (en la entonces Checoslovaquia) y, desde niño, participó muy activamente en la vida parroquial. Tras completar sus estudios secundarios, en 1938 ingresó en el seminario diocesano de Brno. Debido a la guerra y a la ocupación alemana, se vio obligado a pasar un año realizando trabajos forzados en una fábrica de cerámica. Una vez finalizados los estudios de teología, recibió la ordenación sacerdotal el 29 de julio de 1945. Destinado a la parroquia de Rokytnice nad Rokytnou, fue muy apreciado por su compromiso con los jóvenes, a los que había agrupado en la asociación Orel (Águila).
Václav Drbola, nacido el 16 de octubre de 1912 en Starovi?ky (en el entonces Imperio austrohúngaro), maduró su vocación religiosa en el seno de su familia, ingresó en 1933 en el seminario de Brno y recibió la ordenación sacerdotal el 5 de julio de 1938. Ejerció su ministerio en las parroquias de Slavkov u Brna, Cucice y Bucovice, dedicándose intensamente a la pastoral juvenil y a la labor social, ayudando sobre todo a quienes sufrían a causa de la guerra y sus consecuencias. En marzo de 1950 fue nombrado administrador de la parroquia de Babice.
Ambos sacerdotes, debido a su celo pastoral, eran considerados peligrosos por el régimen comunista que se había instaurado en el país desde 1948.
Jan Bula fue detenido el 30 de abril de 1951, víctima de una conspiración de la policía secreta del Estado y, a pesar de encontrarse en prisión, fue acusado de haber instigado el atentado en el que, el 2 de julio de 1951, en Babice, fueron asesinados varios funcionarios comunistas. Juzgado y condenado a muerte, fue ahorcado el 20 de mayo de 1952 en la prisión de Jihlava.
Václav Drbola fue detenido mediante un engaño el 17 de junio de 1951 y también acusado del atentado de Babice, ocurrido mientras él también se encontraba detenido. Condenado a muerte, fue ejecutado el 3 de agosto de 1951 en Jihlava.
El martirio material queda demostrado a partir de la documentación hallada, especialmente en los últimos años. Las actas relativas a la detención de los dos sacerdotes ponen claramente de manifiesto la falsedad de las pruebas fabricadas expresamente por la Policía Estatal con el fin de eliminarlos. Engañados y encarcelados tras una trampa tendida por falsos testigos, sufrieron violencia y torturas que dieron lugar a una distorsión de los hechos y a la firma forzada de falsas confesiones de culpabilidad. Por lo tanto, víctimas de juicios farsa, fueron condenados a muerte y ejecutados.
El martirio formal ex parte persecutoris queda demostrado, ya que los comunistas sentían una fuerte aversión hacia la religión y los sacerdotes, que se convirtieron en objeto de un odio feroz. La hostilidad hacia la Iglesia en los regímenes comunistas se transformó en una persecución abierta, como ocurrió en Checoslovaquia, donde tuvo lugar su trágica historia: fueron encarcelados y asesinados a causa de su fe, de su ministerio sacerdotal y de su labor pastoral. Tanto su detención como su asesinato estuvieron motivados por el odium fidei.
En cuanto al martirio ex parte Servorum Dei, eran conscientes de los peligros que corrían en el dramático contexto de hostilidad hacia la Iglesia; a pesar de la dureza del cautiverio y de las torturas sufridas, aceptaron su destino con fe inquebrantable y confiada entrega a la voluntad de Dios, tal y como atestiguan las cartas escritas antes de la ejecución y el testimonio del sacerdote al que se llamó para confesar a Jan Bula.
En el caso de ambos, está demostrada la fama de martirio, que se ha consolidado con el tiempo y ha perdurado hasta nuestros días.