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El Testigo Fiel
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
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Documentación: Bernardo de Claraval, abad
Memoria de san Bernardo, abad y doctor de la Iglesia, el cual, habiendo ingresado junto con treinta compañeros en el nuevo monasterio del Císter, fue después fundador y primer abad del monasterio de Clairvaux, donde dirigió sabiamente, con la vida, la doctrina y el ejemplo, a los monjes por el camino de los mandamientos del Señor. Recorrió una y otra vez Europa para restablecer la paz y la unidad e iluminó a toda la Iglesia con sus escritos y sus sabias exhortaciones, hasta que descansó en el Señor cerca de Langres, en Francia.

Para tener un corazón sensible a la miseria ajena, es necesario que primero reconozcas la tuya propia

fuente: Tratado sobre los grados de la humildad y la soberbia (Tratado III, 6: Opera omnia, Edit. Cisterc. 3, 1963, 20-21)
Se utiliza en: III Domingo de Cuaresma (par)

Puesto que en el conocimiento de la verdad se dan tres grados, voy a intentar distinguirlos, para que así aparezca más claro a cuál de los tres

corresponde el duodécimo grado de humildad.

Como es sabido, buscamos la verdad en nosotros, en nuestros prójimos, en sí misma. En nosotros, juzgándonos a nosotros mismos; en nuestros prójimos, compadeciéndonos de sus males; en sí misma, contemplándola con puro corazón. Ten presente tanto el número como el orden. Que la misma Verdad te enseñe primero lo que debes buscar en el prójimo antes que en sí misma. Después de lo cual comprenderás por qué has de buscarla antes en ti que en el prójimo.

En efecto, en la enumeración de las bienaventuranzas que el Señor detalló en el Discurso del monte, colocó a los misericordiosos antes que a los limpios de corazón. Pues los misericordiosos captan en seguida la verdad en sus prójimos al cubrirlos con su personal afecto, al conformarse con ellos por la caridad hasta el punto de sentir como propios sus bienes y sus males: enferman con los enfermos, se abrasan con los que sufren escándalo. Se han acostumbrado a estar alegres con los que ríen y a llorar con los que lloran. Purificada por la caridad fraterna la mirada del corazón, se deleitan contemplando la verdad en sí misma, por cuyo amor toleran los males ajenos.

En cambio, los que no se identifican de este modo con los hermanos, sino que por el contrario insultan a los que lloran o envidian a los que están alegres —ya que al no experimentar en sí mismos lo que los otros sienten, no pueden tampoco compartir sus sentimientos—, ¿cómo podrían detectar la verdad en el prójimo? Con razón puede aplicárseles el dicho popular: Ignora el sano lo que siente el enfermo, o el harto lo que sufre el hambriento. Tanto más familiarmente se compadece el enfermo del enfermo y el hambriento del hambriento cuanto están más cercanos en el sufrimiento. Y al igual que la verdad pura sólo el corazón puro es capaz de contemplarla, así también la miseria del hermano es sentida con mayor realismo por un corazón sensible a la miseria.

Ahora bien, para tener un corazón sensible a la miseria ajena, es necesario que primero reconozcas la tuya propia, para que, mirándote a ti, descubras los sentimientos del prójimo y aprendas en ti mismo cómo prestarle ayuda, exactamente a ejemplo de nuestro Salvador, que quiso padecer para aprender a compadecer, vivir la miseria para saber ser misericordioso a fin de que, como de él está escrito: Aprendió sufriendo, a obedecer, aprendiera también a tener misericordia. Y no es que antes no supiera ser misericordioso aquel cuya misericordia no tiene ni principio ni fin, sino que aprendió por experiencia temporal lo que ya sabía por naturaleza desde la eternidad.

Otras lecturas del mismo autor

Con él estaré en la tribulación - [(Sermón 17 sobre el salmo 90: Tú que habitas, 4, 6: Opera omnia, edición cisterciense, 4 [1966], 489-491)]
El orden del amor distribuyó en nuestra casa tres ministerios - [(Sermón 3 en la Asuncion de la bienaventurada Virgen María, 4. 5: PL 183, 423. 424)]
La castidad sin la caridad no tiene valor - [Carta 42 a Enrique, arzobispo de Sens [o Tratado sobre las costumbres y el ministerio de los obispos], 3,8 (PL 182,816-817)]
Piensa en María e invócala en todos los momentos - [De las homilías sobre las excelencias de la Virgen María (Homilía 2, 17, 1-33: SCh 390, 1993, 168-170)]
Vivimos en la esperanza - [De los sermones (Sermón 7 sobre el salmo 90, 1.3.5.6.12: Opera omnia, edit Cister. t. 4, 1966, 412-416. 421)]
Esperamos la celestial consolación - [De los sermones sobre la Ascensión del Señor (Sermón 5 - Opera omnia Edit Cister. t. 5, 149 150)]
Todo el mundo espera la respuesta de María - [Homilía sobre las excelencias de la Virgen Madre 4,8-9]
Preparada por el Altísimo, designada anticipadamente por los padres antiguos - [Homilías sobre las excelencias de la Virgen Madre (Homilía 2, 1-2.4: Opera omnia ed. Cister, 4, 1966, 21-23)]
Que te guarden en tus caminos - [Sermón 12 sobre el salmo 90: 3,6-8 (Opera Omnia, ed. cisterc, 4 [1966], 458-462)]
Hay que buscar la sabiduría - [Sermón 15 sobre diversas materias (PL 184, 577 579)]
Vendrá a nosotros la Palabra de Dios - [Sermón en el Adviento del Señor 5,1-3]
La Madre estaba junto a la cruz - [Sermón en el domingo de la infraoctava de la Asunción, 14-15]
En la plenitud de los tiempos vino la plenitud de la divinidad - [Sermón en la Epifanía del Señor 1,1-2]
Conviene meditar los misterios de salvación - [Sermón sobre el acueducto (Opera Ominia, ed. cirsterciense, 5 [1968], 282-283)]
Si creció el pecado, más desbordante fue la gracia - [Sermón sobre el Cantar de los Cantares 61,3-5]
Amo porque amo, amo por amar - [Sermón sobre el libro del Cantar de los cantares (Sermón 83,4-6: Opera omnia, edición cisterciense, 2 [1958], 300-302)]
Yo pienso designios de paz - [Sermones (Sermón 2, 1-2 en el día de Pentecostés: Opera omnia, Edit. Cist. t. 5, 1968, 165-166)]
Adorna tu morada, Sión, porque el Señor te prefiere a ti - [Sermones (Sermón 2, 1. 2. 3 en la dedicación de la Iglesia: Opera omnia, Edic. Cister. t. 5, 375-377)]
Apresurémonos hacia los hermanos que nos esperan - [Sermones (Sermón 2. Opera Omnia, ed. cisterc, 5 [1968], 364-368)]
La ciencia de los santos consiste en sufrir aquí temporalmente y deleitarse eternamente. - [Sermones (Sermón 21, 1-3: Opera omnia, Edit Cister t. 6, 1, 1970, 168-170)]
Me pondré de centinela para escuchar lo que me dice - [Sermones (Sermón 5, 1-4: Opera omnia, Edit Cist. 6, 1, 1970, 98-103)]
Apresurémonos al encuentro de los que nos esperan - [Sermones (Sermón 5, 2-3.6 en la fiesta de Todos los Santos : Opera omnia, Edit. Cister. t. 5, 1968, 362-363.365)]
Sobre los grados de la contemplación - [Sermones (Sermón 5, 4-5: Opera omnia, Edit Cist. 6, 1, 1970, 103-104)]
Preciosa la sabiduría que nos da a conocer a Dios - [Sermones (Sermón 7, en la Epifanía: Opera omnia, ed. Cister 1970, 671, 26-27)]
No llores, Jerusalén, porque está para llegar tu salvación - [Sermones sobre el Adviento (Sermón 10-11: Opera omnia, Edit. Cister t. 6, 1, 1970, 19-20)]
Jesús es miel en la boca, melodía en el oído, júbilo en el corazón - [Sermones sobre el Cantar de los cantares (Sermón 15, 4-6: Opera omnia. Edit. Cister, 1957, 1, 84-86)]
Me casaré contigo en misericordia y en fidelidad - [Sermones sobre el Cantar de los Cantares (Sermón 27, 4. 6-7: Opera omnia, Edit. Cister. t. 1, 1957, 185-187)]
Habitaré y caminaré con ellos - [Sermones sobre el Cantar de los cantares (Sermón 27, 7. 9 Opera omnia, Edit. Cister. 1957, 1, 186-188)]
Él es el pastor, él es pasto, él es la redención - [Sermones sobre el Cantar de los cantares (Sermón 31, 8-10: Opera omnia. Edit Cisterc. 1957, 1, 224-226)]
Primicia de la sabiduría es el temor del Señor - [Sermones sobre el Cantar de los cantares (Sermón 37,5-7: Opera omnia, Edit. Cister. t. 2, 1958, 12-14)]
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