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El Testigo Fiel
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
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Documentación: Elredo de Rievaulx, abad
En el monasterio de Rievaulx, también en Northumbria, san Elredo, abad, el cual, educado en la corte del rey de Escocia, ingresó en la Orden Cisterciense. Fue maestro eximio de la vida monástica y promovió constante y suavemente, con su ejemplo y sus escritos, la vida espiritual y la amistad en Cristo.

Sobre el pueblo bien dispuesto que se prepara para el Señor

fuente: Sermón en la Epifanía (Edit C.H. Talbot, SSOC, I, 1952, 40-41)
Se utiliza en: Sábado, XIV semana del Tiempo Ordinario (par)

Veamos cuál es el proceso para la celebración de unas bodas. Supongamos que uno quiere casarse con una mujer digna. Elige una entre muchas, envía emisarios que la informen de sus proyectos nupciales, que alaben su hermosura, ponderen sus riquezas, se hagan lenguas de su sabiduría. De esta forma, la doncella se enamora del pretendiente. El amor excita el deseo, el deseo provoca el encuentro, el encuentro predispone al consentimiento, y finalmente se celebra el banquete nupcial. Se prepara una gran variedad de manjares y bebidas, se matan animales, y se pone a disposición de los comensales un copioso surtido de cosas deliciosas.

Pues bien, alcemos los ojos y pasemos de lo corporal a lo espiritual. Dios, el Hijo de Dios subsistente en el seno del Padre, desde su morada observó a todos los habitantes de la tierra, y descubrió una entre muchas, e inmediatamente quedó prendado de su belleza. ¿De quién se trata? Lo diré de modo que lo entendáis. Se trata de aquella santa sociedad a la que él eligió antes de crear el mundo y la predestinó a ser llamada, justificada, glorificada. ¿Cómo la ve? No como nosotros, para quienes el pasado es un enigma, el futuro una incógnita y para quienes apenas si son claras las realidades que caen bajo el campo de nuestra observación. El ve con claridad toda aquella santa sociedad desde el primero al último de los elegidos. Y no los ve uno después del otro, ni uno ahora y luego otro, sino que de una vez, siempre y de idéntico modo abarca a toda aquella sociedad de suyo negra, pero blanca por obra suya; hermosa de suyo, prostituida a los demonios, preparada por obra suya para el dulcísimo abrazo. Esta es la que eligió, ésta a la que amó, y no por interés personal, sino para lavarla de su inmundicia, para sanar sus enfermedades, liberarla de la esclavitud, para, en su miseria, hacerla feliz uniéndola a sí.

Ahora bien, como esto no podía realizarlo a menos que la amada correspondiera libremente al amor del amante, envió mensajeros que lo anunciaran, alabaran su hermosura, ponderasen su sabiduría y se hiciesen lenguas de su poder y de sus riquezas. Tuvo ciertamente mensajeros, a quienes reveló sus secretos, mostrándoles, en una luz inefable, el misterio de su encarnación, lo profundo de la elección, lo ancho de la vocación, lo alto de las promesas y lo largo de la expectación. Así pues, lo que ellos aprendieron por revelación —como personas capaces de abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo—, esto es lo que ellos enseñaron a los demás. Pues, aun cuando la sociedad dichosa de todos los elegidos sea una sola, según lo dicho: Una sola es mi paloma, no obstante se llaman mensajeros del Salvador aquellos que, inspirados por él, anunciaron su venida.

Pero veamos ya cómo estos mensajeros inflaman a la esposa elegida en el amor del Señor. Dirigiéndose a ella, le dice el santo Moisés: Dios os suscitará un profeta como yo; a él le escucharéis en todo cuanto os dijere. Como yo, dice. Para aquellos tiempos, era ésta una gran alabanza. ¿Qué fiel de aquel tiempo no se inflamaría en amor a Cristo, sabiendo que sería semejante a Moisés? Tampoco Jeremías silenció sus alabanzas, pues dijo: Este es nuestro Dios y no hay otro fuera de él. Así que, hermanos, basten estos testimonios de las Escrituras, pues con estas poquísimas palabras puede muy bien el alma de esta elegida encenderse en ansias de su amor. El amor excitó el deseo, el deseo espiritual mereció el encuentro con el amado y de esta forma, con la fe como intermediario, se produjo el mutuo consentimiento: y fíjate, ya se está preparando el banquete nupcial.

Otras lecturas del mismo autor

María, madre nuestra - [De los sermones en la Natividad de santa María (Sermón 20: PL 195,322-324)]
Debemos practicar la caridad fraterna según el ejemplo de Cristo - [Espejo de caridad (Libro 3,5: PL 195, 582)]
Considerad, hermanos, vuestra vocación - [Sermón sobre el rapto de Elías (Edit C.H. Talbot, SSOC vol 1, 102-103)]
Este tiempo nos recuerda las dos venidas del Señor - [Sermones (Sermón 1 sobre la venida del Señor: PL 195, 209-210)]
¡Levántate, brilla, que llega tu luz! - [Sermones (Sermón 3 en la manifestación del Señor: PL 195, 228-229)]
En nuestra Pascua, Cristo es inmolado no en figura, sino en realidad - [Sermones (Sermón en el día de Pascua, Edit. C.H. Talbot, SSOC, vol 1, 94-95)]
Surgió un hombre enviado por Dios - [Sermones (Sermón sobre la interrelación Elías y Juan Bautista, Edit. C.H. Talbot, SSOC vol 1, p. 118)]
La tierra estaba llena de la gloria del Señor - [Sermones (Sermón sobre la venida del Señor, Edit. C.H. Talbot, SSOC, vol 1, Roma 1952, 32-33)]
Irá delante del Señor con el espíritu y poder de Elías - [Sermones (Sermón «Quomodo referatur», Edit C.H. Talbot, SSOC vol 1, 120-121)]
Un amigo fiel es un talismán - [Tratado sobre la amistad espiritual (Lib 2: Edit J. Dubois, 53-57)]
La amistad verdadera es perfecta y constante - [Tratado sobre la amistad espiritual (Lib. 3, 92. 93. 94. 96: CCL CM 1, 337-338)]
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