

También aquí el baño ocurre en un espacio cerrado; sin embargo, no es el espectador ni el artista los que suplantan a David, sino que la mirada del espectador y del pintor se cruzan en línea recta -al otro lado del cuadro- con la mirada de David, quien, a través de la ventana, puede captar furtivamente el instante en que Betsabé deja su baño y se dispone a vestirse.
A pesar de la desnudez, el personaje ha sido pintado con recato: no es ella quien se deja ver, sino el Rey quien la descubre: la pasión es instantánea, y podemos ver junto al Rey a un tercer personaje, que apenas se descubre tras la barandilla de la terraza, que será sin dudas el mensajero que solicitará la presencia de Betsabé en el palacio.
El detalle del balcón donde David está con su servidor es realmente pequeño (ocupa un recuadro de unos 25X25 cm), lo que hace más llamativo cómo el artista ha logrado captar, sin necesidad de descender a detalles, estas acciones de David puestas en movimeinto a partir de la instantaneidad de la salida del baño.

Memling ha percibido también -en los moldes de su época- el refinamiento del personaje que se nos sugiere en el texto bíblico sin que se diga nunca explícitamente: Betsabé no es una muchacha cualquiera, de lo que da cuenta no sólo la belleza de la figura elegida, sino también la suntuosidad del ambiente.
| Cuadro:
Hans Memling (1440-1494)
Betsabé (1485)
Óleo sobre madera, 191 x 84 cm
Staatsgalerie, Stuttgart
detalles del balcón y del rostro
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