Massys, en cambio, retoma con mayor literalidad del relato, y se ve en primer plano un mensajero de David presentando la pasión de su señor a Betsabé. ¡Qué promesas traerá en nombre del Rey! no lo sabemos, pero la esclava sonríe: quizás ha escuchado ya muchas veces las tonterías que los hombres dicen a su señora.

Desde el fondo, enmarcan este mensaje dos elementos de gran importancia:
-En la terraza, arriba a la izquierda, el Rey -viejo-, se pierde ante la juventud y belleza de esta muchacha, mientras unos funcionarios discuten, tal vez de las consecuencias que podría traer al reino este amor. De hecho, unos años más tarde, Betsabé -como madre de Salomón- será la clave del complicado proceso sucesorio.
El resto del fondo está ocupado por una panorámica de la ciudad de Jerusalén, en la que asoman cúpulas y torres. No se trata solamente de "rellenar" el espacio pictórico sino de testimoniar el poderío de David mostrando cómo la ciudad ha dejado ya su origen tribal y se ha llenado de construcciones magníficas.
Pero lo más notable de esta compleja escena es que se percibe el amor llenando todos los espacios del relato visual:
alcanza incluso al perro de caza que acompaña al mensajero, que queda atrapado por la mascota de Betsabé. ¿Que no hay proporción entre estos dos animales? ¡tampoco la hay entre el Rey y la esposa de su guerrero! El detalle de los perros deviene así un interesante símbolo que interpreta la secuencia principal.

Y cómo no, en ese amor que llena el cuadro, un lugar destacado lo tiene
la mirada del mensajero: sabemos que está hablando en nombre del Rey... sin embargo él mismo ha quedado inflamado frente a la hermsa Betsabé.
| Cuadro:
Jean Massys (1510-1575)
David y Betsabé (1572)
Óleo sobre madera, 162 x 197 cm
Musée du Louvre, Paris
y detalles de la terraza, el mensajero y los animales de compañía
|