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El Testigo Fiel
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Documentación: Orígenes, presbítero

Dios lo sabe todo antes de que suceda

fuente: Opúsculo sobre la oración (2.5: PG 11, 422-423. 430-434)
Se utiliza en: Miércoles, XXVI semana del Tiempo Ordinario (par)

Según creo, fue uno de los discípulos de Jesús quien, consciente de cuán lejos está la debilidad humana del recto modo de orar, opinión que vio enormemente reforzada al escuchar las doctas y sublimes palabras pronunciadas por el Salvador en su oración al Padre, dijo, una vez que el Señor hubo terminado su oración: Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.

Pero, ¿cómo es posible que un hombre educado en la disciplina de la ley, oyente consagrado del mensaje de los profetas, cliente asiduo de las sinagogas no supiera orar de alguna manera hasta que vio rezar al Señor en cierto lugar? Y ¿qué es lo que el mismo Juan enseñaba sobre la oración a sus discípulos cuando, procedentes de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán, acudían a él a que los bautizara? A no ser que pensemos que al ser él más que profeta, había tenido ciertas intuiciones acerca de la oración, que él probablemente transmitía en secreto a los que se le presentaban antes del bautismo para ser instruidos y no a todos los que acudían a ser bautizados.

Algunas de estas oraciones, realmente espirituales por rezarlas el Espíritu en el corazón de los santos, están redactadas con una densa, recóndita y admirable doctrina.

Tenemos, por una parte, la oración de Ana en el primer libro de Samuel: ésta, mientras rezaba y rezaba hablando para sí, no necesitaba de texto escrito. En cambio, en el libro de los Salmos, el salmo ochenta y nueve es la oración de Moisés, el hombre de Dios, y el ciento uno, la oración del afligido que, en su angustia, derrama su llanto ante el Señor. Estas oraciones, al ser realmente compuestas y formuladas por el Espíritu, están también llenas de preceptos de la divina Sabiduría, de suerte que de las promesas que en ellas se hacen, puede decirse: ¿Quién será el sabio que comprenda, el prudente que lo entienda?

Siendo, pues, tan difícil disertar sobre la oración, tanto que necesitamos que el Padre nos ilumine, que el Verbo primogénito nos adoctrine y que el Espíritu coopere con nosotros, para poder entender y decir algo digno de tan sublime argumento, yo ruego como hombre, repito, ruego que se me conceda su ubérrimo y espiritual conocimiento y me abra la explicación de las oraciones recogidas en los evangelios.

Pero, ¿qué necesidad hay de elevar oraciones a aquel que antes de que recemos conoce ya lo que necesitamos? Vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que se lo pidáis. En efecto, es justo que quien es Padre y Creador del universo, que ama a todos los seres y no odia nada de lo que ha hecho, proporcione saludablemente a cada cual lo que le conviene, aunque no se lo pidan, comportándose como un padre que, al educar a sus niños, no espera a que se lo pidan, pues o bien son absolutamente incapaces de hacerlo, o debido a su inexperiencia muchas veces desean tener cosas contrarias a su propia utilidad o inoportunas. Y nosotros los hombres distamos más del modo de pensar de Dios que cualquier niño del pensamiento de sus padres. Y es de creer que Dios no se limita a prever las cosas futuras, sino también a predeterminarlas, y nada puede acaecer al margen de lo previamente ordenado por él.

Voy a transcribir aquí las mismas palabras que escribiste en la carta que me enviaste: «Si Dios conoce de antemano el futuro y éste no puede no llegar a existir, la oración es inútil. Si todo sucede según la voluntad de Dios y sus determinaciones son irrevocables, ni puede cambiarse nada de lo que él quiere, la oración es vana».

Pienso que es útil plantear de entrada estas dificultades, que nos ayudarán.

Otras lecturas del mismo autor

Esta fe que profesan los romanos es la misma que se anuncia y crece en todo el mundo - [Comentario a la carta a los Romanos (Lib. 1, 7-9: PG 14, 852-855)]
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El sacrificio de Abrahán - [Homilía sobre el Génesis (Hom. 8, 6.8.9: PG 12, 206-209)]
Angosto y estrecho es el callejón que lleva a la vida - [Homilías (Homilía 5 sobre el libro del Éxodo, 3-4: Ed. Maurist. t. 2, 145-146)]
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El paso del Jordán - [Homilías sobre el libro de Josué (Homilía 4, 11: PG 12, 842-843)]
La conquista de Jericó - [Homilías sobre el libro de Josué (Homilía 6, 4: PG 12, 855-856)]
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Hambre de oír la palabra del Señor - [Homilías sobre el libro del Génesis (16, 4: PG 12, 249-250)]
Cristo lava a su Iglesia con el baño del segundo nacimiento - [Homilías sobre el libro del Génesis (17, 8.9: PG 12,260-261)]
Purificados por su palabra, Dios hace resplandecer en nosotros la imagen del hombre celestial - [Homilías sobre el libro del Génesis (Hom. 4: PG 12, 234-235)]
El perdón de los pecados - [Homilías sobre el libro del Levítico (Homilía 2, 4: PG 12, 417-419)]
La muerte de Cristo se ha convertido en espiga de trigo - [Homilías sobre el libro del profeta Jeremías (Homilía 10, 1-3: PG 13, 358-362)]
Esto es lo que hay que pedir en la oración - [Opúsculo sobre la oración (1-2: PG 11,415-418)]
Nuestro ángel custodio reza con nosotros - [Opúsculo sobre la oración (10-11 PG 11, 446­)]
Ser constantes en orar - [Opúsculo sobre la oración (12-13: PG 11, 451-455)]
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Dios preordena todas las cosas - [Opúsculo sobre la oración (6: PG 11, 438)]
Sobre la oración asidua - [Opúsculo sobre la oración (7-8: PG 11, 439-442)]
Sobre la oración pura - [Opúsculo sobre la oración (9-10: PG 11, 442-446)]
Venga a nosotros tu reino - [Opúsculo sobre la oración (Cap. 25: PG 11, 495-499)]
Sobre el misterio de la encarnación del Verbo - [Tratado Sobre los principios (Lib 2, 6, 2: PG 11, 210-211)]
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