Caná de Galilea es mencionada únicamente en el evangelio de Juan, que la distingue con ese título de la aldea fenicia de Qaná, situada unos 10 km al sur de Tiro.
El hecho más importante que se recuerda de Caná de Galilea es el "primer signo" de Jesús, es decir, la conversión del agua en vino en unas bodas (Jn 2,1-11). Pero no es el único, ya que allí vuelve en Jn 4,46 y realiza nuevamente un signo, la curación del hijo del funcionario real (Jn 4,46-54). Y aun sobre el final del evangelio se la menciona para localizar a uno de los discípulos, a Natanael (Jn 21,12).
El nombre de esta aldea no proviene solo del relato evangélico. También la menciona Flavio Josefo en su autobiografía (Vita, 86), como el lugar donde estableció su cuartel general antes de dirigirse a Tiberíades al comienzo de la revuelta judía (año 66).
La localización, sin embargo, es discutida, y hay dos hipótesis: Unos la identifican con Kefar Qaná, a unos 4 km al NE de Nazaret. Otros, con las ruinas de Quirbet Qaná, a 14 km al Norte de Nazaret.
Ambas estaban habitadas en el período helenístico y romano, y cuentan con vestigios arqueológicos. La primera es la localización preferida por la Custodia de Tierra Santa, y por tanto es el sitio que se muestra turísticamente, y el mayoritariamente aceptado en la bibliografía no especializada. Sin embargo, en la actualidad los arqueólogos prefieren la segunda, ya que parece que es la mencionada en informes de peregrinos de época de las cruzadas, especialmente en la «Descriptio Terrae Sanctae» [«Descripción de Tierra Santa»] del dominico y cruzado Burchard de Barby, hacia 1290. Por tanto contaría con un testimonio más antiguo que el de la otra.
La cuestión permanece abierta a debate.
Sea cual sea su localización -en los dos casos cercana a Nazaret- el sitio nos habla de un Jesús que ya ha tomado decididamente el camino de salir "de su tierra, de su patria, de la casa de su padre", como Abrahán en su hora.