El Papa advirtió sobre el peligro de una «creciente institucionalización» a los obispos alemanes, que en estos días se encuentran en el Vaticano para llevar a cabo su visita ‘ad limina apostolorum’. Francisco subrayó que, frente a una «erosión de la fe católica en Alemania», cuando «son inauguradas estructuras cada vez nuevas, para las que faltan fieles» surge «una especie de nuevo pelagianismo, que nos lleva a poner la confianza en las estructuras administrativas, en las organizaciones perfectas»; por ello, insistió el Papa, «una excesiva centralización, en lugar de ayudar, complica la vida de la Iglesia y su dinámica misionera».
«Se nota particularmente en las regiones de tradición católica una disminución muy fuerte de la participación a la Misa dominical, además de la vida sacramental», reveló el Papa en el discurso que entregó a los obispos alemanes, guiados por el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Mónaco de Baviera y miembro del consejo de los nueve cardenales que ayudan al Papa en la reforma de la Curia romana y en el gobierno universal de la Iglesia (el llamado «C9»). «En los años sesenta, en todas partes, todavía casi cada fiel participaba todos los domingos en la Santa Misa -prosiguió el Papa-; hoy, a menudo, son menos del 10 por ciento. A los sacramentos se acercan cada vez menos. El sacramento de la Penitencia a menudo ha desaparecido. Cada vez menos católicos reciben la Confirmación o contraen un Matrimonio católico. El número de las vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada ha disminuido netamente. Considerando estos hechos, se puede hablar verdaderamente de una erosión de la fe católica en Alemania. ¿Qué podemos hacer?».
La respuesta del Papa es volver a los orígenes: hay que «superar la resignación que paraliza» y abandonar la idea de que es posible «reconstruir de las ruinas de los ‘buenos tiempos’ lo que existió ayer». «Pero podemos dejarnos inspirar por la vida de los primeros cristianos», prosiguió Francisco, citando a los colaboradores de San Pablo Priscila y Aquila: «El ejemplo de estos ‘voluntarios’ puede hacernos reflexionar, considerando la tendencia a una mayor institucionalización. Son inauguradas estructuras cada vez nuevas, para las que al final faltan fieles. Se trata de una especie de nuevo pelagianismo, que nos lleva a volver a poner la confianza en las estructuras administrativas, en las organizaciones perfectas. Una excesiva centralización, en lugar de ayudar complica la vida de la Iglesia y su dinámica misionera», subrayó el Papa. «La Iglesia no es un sistema cerrado que gira siempre alrededor de las mismas preguntas e interrogantes. La Iglesia está viva, se presenta a los hombres en su realidad, sabe inquietar, sabe animar. No tiene un rostro rígido, tiene un cuerpo que se mueve, crece y con sentimientos: es el cuerpo de Jesucristo. El imperativo actual es la conversión pastoral, es decir hacer que las estructuras de la Iglesia se vuelvan todas más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que ponga a los agentes pastorales en constante actitud de ‘salida’ y que favorezca la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús ofrece su amistad».
Francisco agradeció «de manera especial» a los obispos alemanes «por el gran apoyo que la Iglesia en Alemania, mediante muchas obras de caridad, ofrece a los hombres en todo el mundo», y dedicó un pasaje de su discurso al hecho de que «cientos de miles de prófugos vinieron a Europa o se pusieron en marcha buscando un refugio de la guerra y de la persecución. Las Iglesias cristianas y muchos ciudadanos de su país prestan una ayuda enorme para acoger a estas personas, dándoles asistencia y cercanía humana», sin olvidar el apoyo también ofrecido a «todas las iniciativas humanitarias para que las condiciones de vida en los países de origen se hagan más soportables».
Con la mirada puesta en las comunidades parroquiales, en el Año de la Misericordia que está próximo a iniciar, Papa Francisco animó a los obispos a hacer «redescubrir el sacramento de la Penitencia y Reconciliación», sin dejar de resaltar el íntimo nexo entre Eucaristía y Sacerdocio. Finalmente, el Obispo de Roma reiteró el compromiso por la vida en una Iglesia que «nunca se canse de ser abogada de la vida humana que debe protegerse desde el momento de la concepción hasta la muerte natural».