
Pablo de Mendoza es madrileño y bailarín. Actuará para León XIV durante su encuentro con la Iglesia diocesana en el Santiago Bernabéu el próximo lunes y en su reunión el martes con los voluntarios del viaje apostólico en el Pabellón 3 de IFEMA. También lo hizo para el Papa Francisco en la JMJ de Lisboa de 2023. Según nos cuenta, bailar para un Pontífice tiene un profundo sentido porque «la Iglesia ha tenido siempre una gran responsabilidad con las artes» y las ha considerado siempre «una forma de plasmar la belleza de la Creación y del Creador para que repercuta en la cultura». Aunque es una disciplina que a menudo ha pasado desapercibida e incluso la define como «la ignorada de las artes», celebra que «últimamente se está incluyendo mucha danza en los eventos pontificios» a pesar de que «es una propuesta arriesgada».
Otro de los motivos por los que de Mendoza reivindica la danza es porque responde a las peticiones que hizo el Papa el sábado en la vigilia de jóvenes. «Nos pedía ser humanos y pocas cosas hay más humanas que cantar y bailar», reivindica este madrileño, quien añade que en esta manifestación «no se emplea ningún elemento más que lo que tenemos por naturaleza». Y anima, por tanto, a que «se valore y se entienda».
Cantar al unísono «motiva nuestra presencia»
Este madrileño explica las diferencias entre los eventos donde participará. Por ejemplo, el encuentro en el Bernabéu «es la gala de Madrid» y «una reunión con los de casa». Además, de algún modo, convertirá el estadio «en su catedral» para «expresar al Papa el agradecimiento por su visita». En cambio, en la reunión con voluntarios, los bailarines «vamos a ser un grupito reducido» pero de las que la organización no ha prescindido para mostrar «que los artistas somos parte esencial del encuentro». Y agradece especialmente a Fer Rubio su organización, a Toño Casado la dirección artística de los eventos y a Ismael Olivas por diseñar la coreografía, algo que ya hizo «en el encuentro de españoles en el Jubileo de los Jóvenes en Plaza de San Pedro».
Por último, Pablo de Mendoza reivindica que «un cuerpo de baile es una imagen casi sacramental de lo que es la Iglesia» porque en él coinciden «distintas edades, razas, procedencias y estilos, desde el clásico al hip-hop». Y explica que «el hecho de que podamos hacer esa belleza al unísono cada uno con sus particularidades es lo que motiva nuestra presencia».