Madrid, 31/10/06 (LA Razón) - «Juan Ramón Jiménez ruega a las personas que posean cartas suyas - y tengan a bien darle este gusto- que hagan el favor de enviárselas para sacar copia; hecho lo cual, les serán devueltas. Gracias...». Fue el propio Juan Ramón Jiménez el que escribió esta nota con el objetivo de que, en el futuro, su epistolario pudiera recomponerse como un puzzle gigantesco que tiene sus piezas repartidas por todo el mundo. Hoy, cincuenta años después de la concesión del premio Nobel de literatura y en medio de un aluvión de libros y exposiciones que le conmemoran, el editor Alfonso Alegre hace suyo el llamamiento y, como fue deseo del poeta, lo ha incluido en el primer volumen de un epistolario que es como «un inmenso y apasionante laberinto». «Y es sólo el punto de partida para un epistolario mucho mayor», anunció.
Este primer volumen, que abarca una primera etapa literaria y vital de Juan Ramón Jiménez (1898-1916: todo el modernismo español), tiene doble interés, según Alegre: literario («él siempre consieró sus cartas como parte de su obra, y cuidó el estilo con meticulosidad») y personal («es lo más cercano a una autobiografía, donde habla de la cotidianidad»). El tomo arranca con la carta de un Juan Ramón de 17 años, que se consideraba apenas «un chiquillo» («y en la que mostraba aun una letra de adolescente, lejos de la complicada grafía posterior») y recoge momentos cruciales en su vida, como cuando fue invitado por Rubén Darío a Madrid «a luchar por el modernismo», a principio de 1900. Además, también se recogen primeras versiones de algunos de sus poemas, textos inéditos (entre ellos, dos artículos para prensa que estaban perdidos) y correspondencia con familiares (como las cartas a doña Pura, su madre, describiendo sus días en la Residencia de Estudiantes, que el mismo bautizó como «la Colina de los Chopos»). También hay cartas para «maestros» como los hermanos Machado, Unamuno, Ortega y Gasset, Gómez de la Serna y Eugenio d’Ors.
«Pugilato de generosidades»
A este primer volumen le seguirán otros dedicados a los períodos 1916-1936 («la época de cambio en su poesía, los años de poesía pura y desnuda») y 1936-1958 («los del exilio y la incomprensión; es el poeta por descubrir»). En palabras de José-Carlos Mainer, director del proyecto Epístola (que reúne en una colección la correspondencia de algunos protagonistas de la «Edad de Plata», como Luis Cernuda o Manuel Altolaguirre), la tarea de reunir el material ha sido «un pugilato de generosidades» en el que han participado la propia familia del poeta, la Residencia de Estudiantes, la Fundación El Monte y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales. «Podremos buscar sus cartas -dijo ayer Alegre-, pero nunca sabremos si están todas. Su epistolario es una obra en marcha».