MADRID, 10/12/06 (La RAzón) - Muerte, imaginación y oralidad son la triada sobre la que Yann Martel (Salamanca, 1963) ha construido una bella alegoría que confirma que el eco amplísimo de «Vida de Pi» no fue, ni mucho menos, casual. «La historia de la familia Roccamatio de Helsinki» (Destino) es una obra breve y reveladora en la que el narrador recuerda su amistad con Paul, un enfermo de sida, y evoca su idea de inventar un gran relato que entrelace la historia de una familia imaginaria, los Roccamatio de Hensilki, con la de los avatares del siglo XX. Es su manera de desafiar a la muerte.
-¿Qué le queda a usted de salmantino?
-Mucho. Siempre lo digo con orgullo. Nací en Salamanca porque mi padre estaba haciendo un doctorado sobre las lecturas francesas de Miguel de Unamuno. Mi verdadero nombre es Miguel Yann Martel, precisamente por el filósofo español. Aunque a los siete días de nacer, mis padres se fueron a Portugal y de ahí a Alaska. De Salamanca me queda mi historia personal, que no es poco.
-¿Le influyó este origen en su modo de escribir?
-El libro que estoy ahora escribiendo será sobre el Holocausto, y en él menciono a Millán Astray y su «Muera la inteligencia, viva la muerte» gritado a Unamuno precisamente en Salamanca. Y no mucho más. Si algo me ha influido es haber recorrido el mundo sin parar desde que nací.
-¿El éxito le ha obligado a cambiar su vida?
-Sí, claro. Ahora es más complicada, no paro de viajar para promocionar mis libros por todo el mundo. Pero en mi interior quiero pensar que no he cambiado nada. Uno sigue teniendo las mismas dudas a la hora de escribir.
-¿Cuál cree que es el secreto de «Vida de Pi»?
-El tono y el propio personaje de Pi. Además, pienso que la gente sigue necesitando de la religión. Es, sobre todo, una historia de aventura y filosofía. Si me pregunta por qué tuvo éxito en países tan distintos como Corea, Polonia o Estados Unidos, no lo sé. Es un misterio.
-¿«La historia de la familia Roccamatio de Helsinki» la ha concebido en cambio como una alegoría sobre el poder de la imaginación?-Sí, mi teoría es que cada vez tienen más éxitos las biografías porque la gente no ve práctica la imaginación que se desarrolla en una novela. Pienso que la literatura y la religión necesitan imaginación. Y que nosotros, en nuestra vida cotidiana, necesitamos imaginación. Yo creo que esta novela y también «Vida de Pi» es un grito contra la dependencia de la razón. La razón no es más que un instrumento, muy poderoso, pero nada más.
-¿Por qué el sida?
-Porque teníamos un amigo de la familia que se murió hace poco tiempo de sida con sólo 40 años. Y es la gran enfermedad de nuestro tiempo, como la peste lo fue en la Edad Media. De todos modos, «La familia Roccamatio» no es un libro sobre el sida, sino sobre la muerte. Porque ahora la gente tiene más miedo a morir que antes, y eso es porque ya no morimos en casa, porque estamos obsesionados con la juventud y la belleza y hemos olvidado la religión. Es una lástima, porque cuanto mejor estemos preparados para morir, más lo estaremos también para vivir con plenitud.
-¿Quizá por ello está ahora escribiendo sobre el Holocausto?
-Sobre el Holocausto podríamos decir que ya está todo contado. Y es cierto, pero siempre desde un tono realista, siempre desde la misma manera. No se han escrito apenas, por ejemplo, alegorías sobre el Holocausto como Orwell hizo sobre el estalinismo en «Rebelión en la granja». Siempre hemos hablado del Holocausto de la misma manera, y yo creo que para que podamos convivir con él debemos de hacerlo incluso con humor. ¿Por qué no? Yo lo que quiero es hacer una alegoría con el Holocausto.
-Es un gran reto…
-Sí, lo sé. Pero el libro en realidad va a ser dos. Me explico, será una novela por una cara y por otro un ensayo, con dos portadas y dos títulos: «Una camisa del siglo XX. La novela» y «Una camisa del siglo XX. Ensayo». Lo hago así para que se entienda perfectamente mi opinión sobre el holocausto y nadie se asuste, así que lo podremos leer con la imaginación o con la inteligencia. Pero de ambos modos quiero llegar al mismo punto, que es que podamos entender un poco mejor lo que pasó con el Holocausto.
Juan Carlos Rodríguez