Cuando una Iglesia se cierra, la gente pasa ante sus puertas y no puede entrar. «Y aún peor, el Señor que está ahí adentro no puede salir». Lo mismo, de manera análoga, puede suceder con toda la Iglesia de Cristo, si ante sus puertas se interponen como barrera los nuevos «doctores de la Ley». Los que transforman la fe en ideología, y alejan atodos los demás de los jardines y de los pozos de la gracia. Hoy, Papa Francisco habló sobre todos ellos en la homilía de la misa matutina en Santa Marta.
El punto de partida, como siempre, fue el Evangelio de la liturgia del día: el pasaje del Evangelio de Lucas en el que Jesús, hablando en la casa de un fariseo, pronuncia palabras duras contra los «doctores de la ley»: «¡Ay de ustedes, doctores de la Ley, porque se han apoderado de la llave de la ciencia! No han entrado ustedes, y a los que quieren entrar, se lo impiden» (Lucas, 11, 52).
También hoy existen esos que creen que tienen en sus manos la clave del conocimiento, y no abren la puerta. Peor, «se detienen en la puerta, hacen barrera y no dejan entrar a los demás. De esta manera –explicó Bergoglio– sabotean la enseñanza misma de Cristo, que dice otra cosa: “vayan, salgan a todo el mundo. Enseñen, bauticen. Vayan a los cruces de las calles y traigan a todos adentro. Buenos y malos”. Es lo que dice Jesús, todos adentro».
El origen de esta actitud de «las llaves en el bolsillo y de la puerta cerrada» es, según el actual Sucesor de Pedro, un «proceso espiritual y mental». Dinámicas parecidas surgen cuando «la fe pasa por un alambique y se cionvierte en ideología». Papa Francisco subrayó algunos rasgos somáticos de las criaturas ideológicas de la fe cristiana. No les interasa «Jesús, su ternura, su mansedumbre». Son «rígidas»; en ellas «el conocimiento de Jesús se transforma en un conocimiento ideológico, e incluso moralista», como sucedía en tiempos de Jesús, cuando los doctores de la Ley «cerraban la pierta con tantas prescripciones». Y «cuando un cristiano se vuelve discípulo de la ideología, ha perdido la fe. Ya no es discípulo de Jesús. Es discípulo de esta actitud». Además, cuando la referencia al cristianismo asumo los rasgos de la ideología, se vuelve automáticamente repelente. Y así se materializa (a menudo de forma autocomplaciente) su función que aleja a las personas de la experiencia cristiana. «La ideología», subrayó Bergoglio, «espanta, aleja a la gente. Aleja, aleja a la gente y aleja a la Iglesia de la gente».
La de los «cristianos ideológicos», según el Obispo de Roma, es una «enfermedad grave», pero no es nueva: ya el apóstol Juan en su Primera Lectura hablaba de ellos, de los «cristianos que pierden la fe y prefieren la ideología», convirtiéndose incluso en «rígidos moralistas, pero sin bondad». Y, si un buen cristiano los regaña, su reacción es la misma de los fariseos ante Jesús, tal como la narra el Evangelio de la misa de hoy: «Cuando Jesús salió de allí, los escribas y los fariseos comenzaron a acosarlo, exigiéndole respuesta sobre muchas cosas y tendiéndole trampas para sorprenderlo en alguna afirmación».
La tentación de desnaturalizar el cristianismo y convertirlo en una ideología puede tocarnos a todos, incluidos los Papas, obispos y sacerdotes. Y no se combate con disputas culturales. El origen de esta posible desnaturalización, según Papa Francisco, se encuentra en la falta de la oración. «La clave que abre la puerta de la fe siempre es la oración». Y solo entonces el testimonio del cristiano puede convertirse en «un testimonio soberbio, orgulloso», en el que se alaba a sí mismo y se busca la «propia promoción». En cambio, cuando un cristiano reza de verdad, y no se limita a «decir oraciones», como los fariseos, «no se aleja de la fe». Solo de esta manera permanece en su humildad y no corre el peligro de convertirse en una persona que «cierra el camino al Señor».