Navidad es la luz que disipa las tinieblas. Jesús no es un “maestro de sabiduría”, un ideal inalcanzable. Es, más bien, el sentido de la vida de los cristianos. Por eso no deben temer, no obstante las dificultades, más allá de las fidelidades y las infidelidades. Este es núcleo del mensaje del Papa Francisco durante la homilía de su primera Misa de Nochebuena, celebrada en la Basílica de San Pedro.
En su reflexión Jorge Mario Bergoglio partió de la profecía de Isaías: “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande”. Un pasaje, dijo, que no deja de conmover. Porque no se trata de algo emotivo o sentimental, sino porque refleja a la cristiandad como un pueblo en camino, que se mueve en medio de las tinieblas y las luces.
“En esta noche, cuando el espíritu de las tinieblas cubre el mundo, se renueva el acontecimiento que siempre nos asombra y sorprende: el pueblo en camino ve una gran luz. Una luz que nos invita a reflexionar en este misterio: misterio de caminar y de ver”, dijo.
Sostuvo que en este caminar, Dios siempre acompaña mientras el pueblo, en cambio, en su andar alterna momentos de luz y de tinieblas, de fidelidad y de infidelidad, de obediencia y de rebelión, momentos de pueblo peregrino y de pueblo errante.
Según el Papa también en la historia personal de cada uno se alternan momentos luminosos y oscuros, luces y sombras.
“Si amamos a Dios y a los hermanos, caminamos en la luz, pero si nuestro corazón se cierra, si prevalecen el orgullo, la mentira, la búsqueda del propio interés, entonces las tinieblas nos rodean por dentro y por fuera”, afirmó al citar al apóstol san Juan quien escribió: aquel que aborrece a su hermano está en las tinieblas, camina en las tinieblas y no sabe adónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.
Pero estableció que en la Nochebuena, como un haz de luz clarísima, resuena el anuncio: “Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres”.
La gracia aparecida en el mundo es Jesús, nacido de María Virgen, Dios y hombre verdadero, que ha entrado en la historia y ha compartido el camino de los seres humanos.Vino para librarles de las tinieblas y darles la luz, explicó.
Francisco precisó que Jesús es el “amor hecho carne”, no solamente un maestro de sabiduría, no es un ideal al que se tiende y que está distante, sino que es el sentido de la vida y de la historia que ha puesto su tienda en la humanidad.
Además recordó que fueron los pastores los primeros que recibieron el anuncio del nacimiento de Jesús; fueron los primeros porque eran de los últimos, de los marginados. Y fueron los primeros porque estaban en vela aquella noche, guardando su rebaño.
“Con ellos nos quedamos ante el niño, nos quedamos en silencio. Con ellos damos gracias al Señor por habernos dado a Jesús, y con ellos, desde dentro de nuestro corazón, alabamos su fidelidad: Te bendecimos, señor, Dios altísimo, que te has despojado de tu rango por nosotros. Tú eres inmenso, y te has hecho pequeño; eres rico, y te has hecho pobre; eres omnipotente, y te has hecho débil”, exclamó.
“Que en esta noche compartamos la alegría del evangelio: Dios nos ama, nos ama tanto que nos ha dado a su hijo como nuestro hermano, como luz para nuestras tinieblas. El señor nos dice una vez más: ‘No teman’. Y también yo les repito: No teman. Nuestro padre tiene paciencia con nosotros, nos ama, nos da a Jesús como guía en el camino a la tierra prometida. Él es la luz que disipa las tinieblas. Él es nuestra paz”, apuntó.