La obra de don Gnocchi, ¿tiene 26 paginas en total?
"Tu vida puede ser la única Biblia que muchos lean."
Realmente un libro precioso, brilante, lleno de luz, el del beato Gnocchi. Se lee solo.
Un solo aspecto me deja fuera, y es posiblemente el mismo que ya expresé respecto del fragmento del P. Buela (aunque el librito del beato tiene menos teoría teológica, sin dejar de ser muy sólido en todo lo que dice); ese aspecto es la relación -que no me termina de convencer cómo la expresa- entre el sufrimiento vicario y la conciencia del sufrimiento vicario.
Hay en el dolor humano -o simplemente en el dolor- un auténtico mysterium, en sentido propio, no el viejo "misterio de la fe" que era la escapatoria de los curas vagonetas cuando no habían estudido la parte de la teología que uno le preguntaba, sino un auténtico mysterium, de ese que te hace balbucir, sin llegar a poder hablar de él -del sufrimiento- de modo del todo inteligible.
Ley de Adán, sí; Ley de Cristo, de la Cruz, sí... pero ¿por qué la Justicia Divina "se satisface" con el sufrimiento y no con otra cosa? esa pregunta no puede ser respondida. Hay que conformarse con mirar en el opaco espejo del sufrimiento y ver que, puesto que tampoco Dios tiene un lenguaje para decir ese por qué, bajó a sufrir con nosotros, sobre nosotros, ante nosotros.
La verdadera razón del sufrimiento es una razón que sólo se escucha como silencio divino, como descenso del sábado santo, como "Lemá sabactni" (por qué me has abandonado?) que pronuncia Jesús, como oscuridad de unas tres horas cubriendo la tierra. Esa "ley del sufrimiento", en cuanto la racionalizamos, la convertimos en una niñería o en una monstruosidad.
Esa ley del sufrimiento es la que -con pies de santo, claro- llega a tocar el beato en el librito; sin embargo, al apelar a la "conciencia del sufrimiento vicario" como un elemento esencial para que ese sufrimiento pueda "ser aplicado" por Dios a la redención (ver especialmente la pág. 15), desluce un poco el conjunto, como si quisiera decirlo todo, en un tema que sólo puede ser dicho en parte.
Es el único bache que le encuentro al libro, y lo único que me sigue molestando de nuestras "explicaciones cristianas del sufrimiento", especialmente del sufrimiento inocente. Aunque debo decir que es de las mejores elaboraciones que he leído de un tema tan difícil de expresar.
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«Mi corazón está vacío de verdadero saber, acógele entre tus brazos.»
Sí, Hectitor. Como decía Heidegger refiriéndose al delgado poema de Parménides: estas pocas palabras desmienten la necesidad de bibliotecas enteras dedicadas a la literatura filosófica. Yo diría: a menudo unas pocas palabras nos dan por la cabeza a la verborragia teológica, comenzando por la mía... ![]()
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«Mi corazón está vacío de verdadero saber, acógele entre tus brazos.»
La verdad que en tu último post Abel, me aclaras el por qué no entendí mucho del anterior, je. Yo no sé mucho de términos ni encuentro tantas palabras para expresar/me ni para explicar/me, pero sí puedo hablar desde la experiencia de vida y, mientras ustedes en el continente europeos "estáis" (yo digo están) durmiendo, yo sigo dando vueltas a esto.
No sé, ni creo que haya forma de explicar la "Justicia divina" pero sí sé que, si Dios no fuese antes Misericordioso que Justo, no habría qué lo aplaque. Pero yo me quedo más con la parte del "Eco de todos..." que puse al inicio, que se refiere al Amor misericordioso, sí, a ese y no a otro es al que a ejemplo de Santa Teresita se ofrecen almas generosas que, sin hacer nada especial, sin brillar en y para "el mundo" son, como leimos en esas preciosas cartas del P. Llorente, como abejitas de un panal que fabrican miel constantemente.
Que la Cruz existe, existe ¿quién puede negarlo? (creo que ni Gerardo se animaría
, entonces ¿qué mejor que ofrecerla, sea grande o pequeña a Dios para que Él disponga según convenga?
Unos la tienen pequeña, otros más grande, misterios divinos, como salió en algún momento y, no creo que tenga que ver, como también se dijo, con ser más o menos pecador ¡qué pecadores somos todos eh! y el que no, que arroje la primera piedra. Yo creo en la bendición de la Cruz (para escándalo de alguno que me lea) que, por cierto, es un Misterio mayor, sí, con mayúscula.
Como verás, yo no racionalizo, yo "corazonizo", jeje. Me cuesta rebatir con palabras concretas, teóricas, doctas y altisonantes -por cierto, mi afán no era ni es polemizar- pero sí puedo hablar desde el corazón, desde el amor o, mejor desde el Amor doloroso y el Dolor amoroso que significa, para mí, ese "Este es mi Cuerpo, ésta es mi sangre" de la sierva de Dios Conchita Armida.
Soledad
mejor para tu sique y para la economía de la salvación q no me tengas tanto en cuenta. tener a alguien atascado entre las neuronas es un sufrimiento sin sentido, no es ni vicario. ahora hay medicación para ello.
tu corazonizas sentimentalizando lo racional. así q despierta.
por otro lado la justicia justifica, por eso es misericordiosa. ni es antes la misericordia ni es después. es a la vez. se identifican en dios.
si tenemos un mal concepto de justicia, tendremos q convertirnos a la concepción cristiana de la justicia. nosotros decimos 'cristiana', porque decir 'humana' sería demasiado humano: vamos abusando el uso de cristiano para vaciar de contenido a lo que tocamos con este adjetivo.
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El mundo escucha de buen grado a los maestros, cuando son también testigos.
Benedicto XVI.
Puedo copiar otro pedacito de Chiara M.? Esta chica sufre desde hace años una enfermedad rara, que le saca la mobilidad, que le causa dolores 24 horas al dìa, y dice acerca del dolor: No encuentro un sentido. Estoy. Estoy como Maria, que bajo la cruz no pensó en nada. Yo creo que ella estaba tan aplastada por el dolor que tenía solo la fuerza, justamente, de estar.
En el video que publiquè màs arriba, dec'a:
Tienes que tener en cuenta que tienes que perderte a ti mismo. Tienes que descender aùn en los abismos infinitos de la soledad, de la desesperaciòn, de la angustia, del abandono, del negro màs negro que existe…y ahi, en esa nada, yo encuentro el todo, que es El.
Y acà un link a una entrevista en italiano, para quien se anime aunque sea con el traductor de google: http://www.chiara-m.it/chiara-m.it/Interviste_Oscura_Lu_files/nuovo_progetto.pdf
Creo que para entender el dolor, no hay nada mejor que escuchar a alguien que sufre.
dice no encontrar un sentido. pues si no lo encuentra, q siga buscando.
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Benedicto XVI.
sobre lo de q maría, bajo la cruz, no pensaba en nada... mejor no digo nada. si quiere proyectarse...
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Benedicto XVI.
Puedo estar de acuerdo con el segundo comentario. No era para tomarlo literalmente, sino para confirmar el concepto de "misterio" del que hablaba Abel. Si ese misterio no se le descubriò a ella en tanto tiempo de sufrimiento, mucho menos lo vamos a descubrir nosotros...
Con el primero, hace 20 años sigue buscando, pero no encontrò un sentido...lo encontrò a El en ese "sin sentido".
si estáis empeñados en esa ascética...
pues a vender "sin sentido" con aires de tertulia de literatos de principios del XX.
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Benedicto XVI.
Je, je, sin ánimo de ofender, pero esta charla comienza a ser como un dolor, y para pillarle el sentido....
Y sin embargo, no sé qué tiene, pero aquí estamos.
En fin, yo creo que podemos hacer de la pedagogía del dolor un arma o lo que queramos, pero sí es verdad que ante la muerte que nos aguarda...mmm, podemos revelarnos, maldecir, enojarnos, callar, esperar, orar... o simplemente morirnos... y Dios dirá. -je,je,esto es típico de una víctima de una pedaogía de perfil bajo, de quien se nota está poco acostumbrado a sufrir de verdad en otra piel que no sea la de los demás-
No hay duda de que la muerte es el dolor máximo, más pleno, más desquiciante, inabordable e inevitable. Queramos o no, ante esa experiencia personal toda experiencia, saber, incluso toda fe sabrá a poco más que nada. Entonces la capacidad se verá mermada hata no ser capaces de dar más que un sí que entonces aún menos entenderemos. Así sea, o que venga Dios ya de una vez -¿OYES?, ¡QUE YA TEVALE!-, encadene a lamuerte y nos lleve a todos volando.
Por Tutatis! me quedé en blanco, no entendí ná.
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«Mi corazón está vacío de verdadero saber, acógele entre tus brazos.»
Yo tampoco, si pensaran antes de escribir... pero bueno, hay que ser respetusosos de la vorágine mental de los demás (diarrea mental decía un sacerdote, je)
Juan Pablo II. Encíclica SALVIFICI DOLORIS (El valor salvífico del sufrimiento) VIII. Conclusión
“El sufrimiento, ciertamente, pertenece al misterio del hombre. Quizás no está rodeado, como está el mismo hombre, por ese misterio que es particularmente impenetrable. El Concilio Vaticano II ha expresado esta verdad: 'En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. Porque Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre v de su amor, manifiesta plenamente el hombre al hombre y le descubre la sublimidad de su vocación' [Gaudium et spes, 22]. Si estas palabras se refieren a todo lo que contempla el misterio del hombre, entonces ciertamente se refieren de modo muy particular al sufrimiento humano. Precisamente en este punto el 'manifestar el hombre al hombre y descubrirle la sublimidad de su vocación' es particularmente indispensable. Sucede también -como lo prueba la experiencia- que esto es particularmente dramático. Pero cuando se realiza en plenitud y se convierte en luz para la vida humana, esto es también particularmente alegre. 'Por Cristo y en Cristo se ilumina el enigma del dolor y dé la muerte'
Soledad
chanchi!
por cierto, lo interesante va después. no manoseemos lo q sabemos.
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Benedicto XVI.
Está muy bien lo que dice Juan Pablo II (claro, no voy a decir que no...). Sin embargo, si por algún lado me engancho con la crítica que hacía incialmente Gerardo, tiene que ver con esto de hablar del dolor en tercera persona. Muy de encíclica, desde luego, y allí posiblemente no se pueda hablar de otra forma; pero se corre el peligro de que nosotros nos creamos que el discurso sobre el ser humano que sufre (3ª persona) es lo mismo que el sufrimiento con el que el ser humano está´sufriendo en su propia y primera persona.
Uno de los aspectos que más me gustó del opúsculo del beato Gnocchi fue, precisamente, que hablaba de lo que vio y experimentó, él mismo, asistiendo a lo sufrientes, él mismo sobreviviente de una guerra (o más de una creo). Y precisamente el momento del libro que decae, según mi impresión -redondeo la opinión anterior- es cuando pasa a "dar directrices" sobre cómo hay que hacer para que el sufrimiento sirva.
Cuando se pasa del sufrimiento como experiencia al sufrimiento como objeto de una elaboración teológica, no digo que esté mal, pero comienza la simulación. ¿Significa eso que no se puede hablar de ello? no, no me molestaría en seguir en este hilo si pensara eso, pero... hay un punto de silencio que rodea al sufrimiento: no sabemos realmente nada sobre la ley del sufrimiento, sobre la ley de la cruz. Sólo sabemos que ningún sufrimiento deja indiferente a Dios, y que los gemidos inenarrables del universo entero se dirigen a su propia salvación; no sufre porque sí sino por su propia salvción. Pero lo sabemos como promesa, no como teoría. Y el saber que da una promesa depende de cuán fiable sea el que prometió, y si lo cumplirá. En rigor, no hemos visto aun nada del sentido del sufrimiento.
Por ver, ni siquiera hemos visto a Jesús resucitado, mucho menos hemos visto, o podemos imaginar, nuestra propia resurrección y cómo se insertan nuestros dolores cotidianos en el camino hacia ella.
No hemos visto nada; no hemos visto al que hizo la promesa: de momento sólo creemos que, adecuadamente leído, un libro en griego y hebreo contiene los testimonios reputables como auténticos de un puñado de personas (20 o 500, para el caso es casi lo mismo) que dicen que experimentaron a Jesús resucitado. Si te lo crees, pasas a ponerte del lado de una experiencia de sentido que puede llenar tu vida (o desnortarla por completo), y si no te lo crees, pues ante el sufrimiento encogerás los hombros y dirás: si da igual, que todo va al mismo hoyo.
De allí yo no veo cómo, en esas condiciones, se puede pasar alegremente a un discurso afirmativo de que tenemos nosotros (y te lo damos) el sentido del sufrimiento, y por tanto sabemos qué hacer (qué debe él -el que sufre- hacer) con ese sufrimiento.
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Te lo creas o no, sufres (más o menos, depende) pero ese pequeño detalle: darle un sentido o no, hace que te revientes maldiciendo el dolor (total, "todo va al mismo hoyo" ) o que lo aceptes y vivas con paz y alegría.
El Papa Juan Pablo II escribe en 3ª persona, verdad pero ¡vaya si sufrió!, ¿me lo puedes negar?
Soledad
premio!
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El mundo escucha de buen grado a los maestros, cuando son también testigos.
Benedicto XVI.
darle un sentido o no, hace que te revientes maldiciendo el dolor (total, "todo va al mismo hoyo" ) o que lo aceptes y vivas con paz y alegría.
Me da la impresión de que hablamos de dos cosas distintas. Si yo pensara que todo va al mismo hoyo, no me reventaría maldiciendo el dolor. De hecho, los paganos la pasan mucho mejor que muchos cristianos, y no maldicen el dolor, lo ignoran, que es distinto. Darle o no sentido al sufrimiento puede ser cosa del hombre que sufre o puede ser cosa de Dios, o puede no tener sentido, así que no me parece que haya dos opciones sino tres. Porque si hay sólo dos, no estamos en el cristianismo sino en un estoicismo remozado, estilo new age.
Es decir, si depende de mí darle sentido o no, pues qué quieres que te diga: no lo tiene. Si no venía Dios a morir por mí, ya me podía yo desgañitar "dándole" sentido al sufrimiento, que igual no lo iba a tener. Los estoicos al menos eran consecuentes y llegado el momento, si no conseguían permanecer en la paz y la alegría fabricada por la propia aceptación del sufrimiento, se suicidaban.
Pero nosotros no damos sentido al sufrimiento, decimos más bien que el único auténtico sentido al sufrimiento se lo da Dios, no el hombre, sea papa o simple iletrado.
Ahora bien, eso depende de que realmente Dios haya venido a sufrir por mí, depende de que sea cierto, y eso no se resuelve "por cojones", no se resuelve porque yo tenga ganas de que el sufrimiento tenga sentido. Se resuelve si es verdad lo que los testigos dijeron: que ese era auténticamente el Hijo de Dios, y no se resuelve si los testigos mintieron. Se resuelve si yo como testigo soy fiable, si no, no sólo me estoy engañando, sino -como los ciegos de la parábola- empujando a otros al hoyo.
Nuestra paz y alegría pende de un hilo. Es como para echarse a temblar.
Y a esto le sumamos que a menudo Dios se esconde, "y no sale ya con nuestras tropas", y hay que rogarle insistentemente que vuelva a brillar su rostro, y que despierte, y todo ese lenguaje que uno aprende con los salmos. Y cuando él se esconde, él, que tiene la llave del sentido del sufrimiento, él, que es quien auténticamente da sentido al sufrimiento, ¿dónde queda la paz y la alegría que da tener el sentido del sufrimiento, si él está escondido y no lo da?
El creyente no siempre se distingue por la paz y la alegría. A lo mejor puede ser que se distinga porque en vez de decir "el sufrimiento no tiene sentido", dice "no, no lo tiene, pero lo va a tener, espero en eso".
No dice el salmista: "Yo soy creyente, y por eso, aunque estoy hecho mierda, estoy en paz y alegría", dice más bien:
Las lágrimas son mi pan
noche y día,
mientras todo el día me repiten:
"¿Dónde está tu Dios?"
Y no encuentra consuelo en el sentido del sufrimiento, que cuando no se ve, nadie se lo puede dar, sino en el recuerdo de las gestas gloriosas de Dios en su vida:
Cuando mi alma se acongoja,
te recuerdo
desde el Jordán y el Hermón
y el Monte Menor.
Una sima grita a otra sima
con voz de cascadas:
tus torrentes y tus olas
me han arrollado.
Dios mismo lo ha arrollado y lo ha clavado a él en la cruz, y el que era fuente de alegría y paz, se convirtió, como en Jesús, en la fuente de su dolor: sufre por ser creyente, no por no serlo, y su dolor es infinitamente más grande y casi intrasportable por ser creyente, no por no serlo. Tendría paz y alegria si fuera un pagano que sólo espera el hoyo, pero por el contrario: él ha visto el templo. No puede negar el templo, porque lo ha visto, pero ahora el templo no está, y entonces eso refuerza más el sufrimiento:
Diré a Dios: "Roca mía,
¿por qué me olvidas?
¿Por qué voy andando, sombrío,
hostigado por mi enemigo?"
Se me rompen los huesos
por las burlas del adversario;
todo el día me preguntan:
"¿Dónde está tu Dios?"
"Roca mia", ¿te das cuenta cómo lo llama a Dios? ¿a ese Dios que no está y que no afirma el suelo? ¿que no le da ni un poco de la paz y la alegría que le prometió, pero del que sabe -del que espera porque cree en su promesa- que se la dará toda junta, sin que pueda justificar esa esperanza ante ningún pagano?:
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
"Salud de mi rostro, Dios mío".
A veces ésa es toda la paz y la alegría que un cristiano puede tener legítimamente, sin sobrepasarse ni inventar ninguna fuente propia de paz. Te repito: eso no depende de uno, sino del propio Dios. Bendito sea cuando le da a un sufriente paz y alegría, y bendito sea igual -aunque a uno no le sale- cuando en vez de eso le manda ausencia y lágrimas.
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Ok, yo no entiendo una papa de teología ni tengo palabras bonitas para decir las cosas y seguramente me contradigo. Además, para entenderte tengo que usar muchas veces el diccionario, otras la imaginación y otras, aguantarme, pero escribo lo que de lo que pones que entiendo, me inspira, o creo, o vivo.
Pero nosotros no damos sentido al sufrimiento, decimos más bien que el único auténtico sentido al sufrimiento se lo da Dios, no el hombre, sea papa o simple iletrado.
¿A quién te refieres con "decimos"? yo creo que soy yo misma quien le doy un sentido a mi sufrimiento, yo decido, soy libre, tengo voluntad, tengo opciones y elijo.
Nuestra paz y alegría pende de un hilo. Es como para echarse a temblar.
Muy de acuerdo. A propósito, alguien me dijo que alguien dijo, je, que, estar "contento" es estar contenido, es decir, aceptar la voluntad de Dios. Y la muletilla de San Alberto Hurtado era "contento, Señor, contento"
Si el creyente no se distingue por la paz y la alegría, según lo que puse más arriba, es porque no está "contento" y, según la teoría ignaciana, porque pone su vista en los medios y no en el Fin. Pues cómo no vas a sentirte triste y frustrado si querías que esto salga de una manera y te salió al revés? (medio, no Fin)
Ay! Abel, has visto realmente la alegría de un pagano?, has convivido con él?, sabes cómo queda después de sus momentos de felicidad?, seguro que sí pero tal vez te estás olvidando. De acuerdo, puede ser que se la pase bomba un tiempo, años, quizá hasta el casi fin de sus días pero, si un creyente tiene una angustia (no solo tristeza) existencial, sabes cómo de inmensa es la de un pagano? Honestamente no conozco alguno que le valga REALMENTE si vive como un animal para acabar en el hoyo, que dicen que les vale, sí, pero que de verdad, de verdad, na que ver.
En cuanto a los salmos, hay que leerlos completos... seguro que lo haces pero todos terminan en algún tipo de consuelo.
A propósito de la ausencia de Dios, la aridez espiritual y etc., subieron "Las tres edades de la vida interior" y hay tantos otros libros de espiritualidad que explican el por qué de la ausencia de Dios, de su silencio, del por qué se esconde... después de la oscuridad viene la luz y, no se puede gozar de ésta si no sufriste aquella.
Me viene a la memoria también El Cantar de los Cantares, maravilloso libro en que, para mí, Dios descubre al hombre el "secreto" del dolor de su ausencia.
Para terminar, me estuve preguntando esta mañana si todas estas cosas que ponemos sirven para algo a la luz del "Magis ignaciano", más concretamente me cuestioné si las cosas que escribo, leo, etc aquí son A.M.D.G porque, si piensas un poquito, cada uno tiene su visión del tema y cada uno, en cada intervención, dale y dale con lo mismo. Somos cuatro, porque Héctor parece que nos tuvo miedo, jeje y, ninguno sale de los suyo. Obvio, no es el objetivo pero me pregunté y sigo haciéndolo ¿TIENE SENTIDO SEGUIR DÁNDOLE VUELTAS A ESTO?
algo telegráfico sobre la libertad:
- no elegimos a dios. dios nos elige a nosotros.
- la libertad fundamental consiste en amar, no en elegir amar.
- si las opciones las pusieras en su lugar, algo más relativo, los "otros", los "no nosotros", los verías más próximos y no tan esencialmente diferentes.
efectivamente, habláis de cosas distintas. no es cuestión de q necesites un diccionario o q te hagas pasar por un poco lerda, como tampoco del nivel teológico de la formación recibida, ni del sentimentalismo vivencialista con el q cargues tus expresiones tamizadas por una formación teológica y doctrinal típica y tópica.
aquí no vamos de listillos.
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El mundo escucha de buen grado a los maestros, cuando son también testigos.
Benedicto XVI.