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El Testigo Fiel
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
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Buscador simple (o avanzado)
El buscador «simple» permite buscar con rapidez una expresión entre los campos predefinidos de la base de datos. Por ejemplo, en la biblioteca será en título, autor e info, en el santoral en el nombre de santo, en el devocionario, en el título y el texto de la oración, etc. En cada caso, para saber en qué campos busca el buscador simple, basta con desplegar el buscador avanzado, y se mostrarán los campos predefinidos. Pero si quiere hacer una búsqueda simple debe cerrar ese panel que se despliega, porque al abrirlo pasa automáticamente al modo avanzado.

Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.

Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
La búsqueda admite el uso de comillas normales para buscar palabras y expresiones literales.
La búsqueda no distingue mayúsculas y minúsculas, y no es sensible a los acentos (en el ejemplo: católica y Catolica dará los mismos resultados).

Entiendo, hasta cierto punto, que Dios al hacernos con libre albedrío no puede evitar que caigamos en el pecado y sus consecuencias. Pero, en realidad, ¿no podría habernos creado directamente en el cielo?

pregunta realizada por Vicente
11 de enero de 2026

Si yo digo que un reloj es un aparato para medir el paso del tiempo, llamaré reloj a una clepsidra y a uno de péndulo; los dos, a pesar de sus amplias diferencias, miden el paso del tiempo. Pero si ahora pienso en un reloj no sólo como un aparato para medir, sino fijándome en sus peculiaridades constructivas, podría decir que un reloj es un ingenio mecánico que con el movimiento acompasado de sus piezas acompaña el paso del tiempo y permite medirlo... ¡qué distinto es eso! Ahora una clepsidra, un reloj de arena, un reloj de sol, son preanuncios ingeniosos, pero reloj de verdad, a la altura del hombre que lo inventó, serán esas maravillas que tenemos en las torres de las iglesias y ayuntamientos, o esas pequeñas maravillas que llevamos en las muñecas.

Esto es sólo un ejemplo de cómo la definición acompaña lo que estamos dispuestos a ver. Pensemos ahora en el hombre: yo puedo decir que el hombre es una criatura de Dios capaz de reconocer, alabar y bendecir a su Creador por toda la eternidad. Es cierto, para esa alabanza eterna y goce perpetuo en su Creador ha sido creado el hombre. Pero si nos fijamos bien, también podríamos estar hablando del ángel.

A menudo olvidamos que —como en el ejemplo inicial del reloj— lo que nos especifica no es sólo nuestra finalidad, sino también las ruedecillas que con tanto ingenio Dios ha puesto en nuestra vida. Esas ruedecillas son, en el hombre, su capacidad de hacer historia.

La libertad no es un tropiezo que Dios puso en nosotros para alejarnos del cielo, sino la materia prima de aquello que nos hace hombres: poder construir una historia, y llevar esa historia hasta el cielo, es decir, hasta la contemplación y el goce eterno en el Dios que nos ha hecho históricos... ¡y que se ha hecho historia!

El ángel alaba desde el principio y por siempre, porque tiene un único acto de libertad posible: serviré o no serviré a Dios. Pero el hombre va amasando el servicio a Dios, con cada acto de cada momento de su vida: amar cada uno de esos momentos constituye el corazón de lo específico de cada hombre, de lo que nos hace distintos, no sólo al ángel, sino también a cada uno de nosotros.

Nos maravilla contemplar la variedad de los seres vivos. Vamos a un jardín y si lo contemplamos de verdad, no podemos menos que caer de rodillas ante el asombro de una variedad casi infinita de flores, de plantas, de insectos. Pero todas las margaritas son idénticas a la margarita, y todos los tulipanes son idénticos al mismo tulipán ¿Cómo no deberíamos caer de rodillas una y otra vez al contemplar la infinita variedad de seres humanos? No hay dos iguales. Padre e hijo sólo se parecen, pero ni siquiera ellos son iguales.

Dios nos creó para eso, para que seamos cada uno un ejemplar único, pero eso sólo es posible hacerlo atravesando la historia, creando nuestro ser personal en la libertad de la que cada uno dispone. Incluso una magulladura del pecado, es también una marca que te hará, cuando vuelvas de su caída, distinto al otro, que ni en lo bueno ni en lo malo es igual a ti.

Vamos a la eternidad con todo lo que somos y hemos construido. Al Dios que en cinco días pobló la creación de una variedad impresionante de seres, se le ocurrió en el sexto coronarla con la maravilla de un ser que es igual y a la vez distinto, semejante y a la vez único. El signo de eso es crear una primera pareja en la que los dos miembros son, los dos, seres humanos, sin embargo ni el varón es mujer ni la mujer es varón, no son seres humanos al sumarse, sino que lo son por entero cada uno, y son distintos entre sí. Y a eso (¡y no al ángel!) lo llamó "imagen" de sí mismo, porque es la única creatura creada no sólo para reconocer, alabar y bendecir a su Creador, sino también para poder ser divinizada: "ahora somos hijos de Dios, pero aún no se ha manifestado lo que seremos" (1Jn 3,2).

La libertad no es un obstáculo, no es un castigo, no es una tentación, es nuestro camino, el que Dios ha pensado para que lleguemos realmente a ser lo que él ha puesto en nosotros.

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La verdad es que no se muy bien donde encuadrar este interrogante, y ni siquiera creo que tenga respuesta, pero por intentarlo que no quede: La verdad es que llevo muchísimo tiempo planteándome ¿cual será la auténtica relación del alma con el cuerpo, con el cerebro más bien? Pues, sospecho que no terminamos de entenderla del todo. Entiendo que es normal que no lo entendamos del todo, pero es que sospecho que lo entendemos mal en casos en que sería muy oportuno y conveniente, y muy importante, el entenderlo bien. Por ejemplo: Si una persona tiene demencia, ¿eso quiere decir que su alma también?, o ¿eso quiere decir que jamás podrá alcanzar la santidad? Y si uno muere de niño, ¿querrá decir que igualmente tampoco podrá alcanzar la santidad, excepto, claro está, los santos inocentes? El alma de un niño ¿es infantil?, y si ha nacido deficiente mental, ¿su alma seguirá en ese estado toda la vida? ¿O más bien cabría pensar que, por muy estropeado o infantil que sea un cerebro humano, su alma si puede funcionar con todo su potencial y consciencia y responsabilidad en lo más íntimo de esa persona, y por lo tanto, podrá alcanzar la santidad a pesar de todo, o la condenación si elige el mal hasta el final? Sería parecido a un astronauta al que se le ha estropeado su escafandra y no pueda comunicarse bien con el exterior, pero él seguiría vivo y consciente y responsable de como vivir esos momentos en cuanto a sus deseos y actitudes, esperanzas y amor, o desesperación y etc. Si fuera esto último, entonces se podría esperarse fácilmente que los niños muertos sin bautismo puedan salvarse si sus almas lo deseaban.
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