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El Testigo Fiel
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
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«Mira que estoy a la puerta y llamo,
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entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
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Biblia: Vocabulario de Teología Bíblica
Buscador simple (o avanzado)
El buscador «simple» permite buscar con rapidez una expresión entre los campos predefinidos de la base de datos. Por ejemplo, en la biblioteca será en título, autor e info, en el santoral en el nombre de santo, en el devocionario, en el título y el texto de la oración, etc. En cada caso, para saber en qué campos busca el buscador simple, basta con desplegar el buscador avanzado, y se mostrarán los campos predefinidos. Pero si quiere hacer una búsqueda simple debe cerrar ese panel que se despliega, porque al abrirlo pasa automáticamente al modo avanzado.

Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.

Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
La búsqueda admite el uso de comillas normales para buscar palabras y expresiones literales.
La búsqueda no distingue mayúsculas y minúsculas, y no es sensible a los acentos (en el ejemplo: católica y Catolica dará los mismos resultados).

Léon-Dufour: Escritura

I. El Precio de la Escritura

En Babilonia o en Egipto, donde el material para escribir es caro y engorroso, donde el sistema de escritura es sumamente complicado, la ciencia de la escritura es privilegio de una casta, la de los escribas, y pasa por ser un invento de los dioses, Nebo y Thut. Estar iniciado en su secreto es estar admitido en la zona misteriosa en que se fijan los destinos del mundo. Algunos reyes de Asiria se jactarán de haber tenido acceso a la escritura. Hasta en nuestros días, el niño, y sobre todo el adulto, que aprende a escribir, atraviesa un umbral.

En Palestina, entre el Sinaí y Fenicia, precisamente allí donde el genio del hombre inventó el alfabeto, Israel halla desde sus orígenes una escritura al alcance de todos, que le dio una ventaja decisiva respecto a las antiguas culturas de Egipto y de Mesopotamia, prisioneras de sus escrituras arcaicas. En tiempos de Gedeón, mucho antes de David, un joven de Sukkot es capaz de proporcionar una lista de los ancianos de su pequeña ciudad Jue 8,14. Ya en los primeros tiempos la escritura, si no está propagada, es por lo menos conocida en Israel y se convierte eu uno de los instrumentos esenciales de su religión. Mucho antes de que Samuel consignara por escrito «el derecho de la realeza» 1Sa 10,25, no es anacrónico el que Josué pudiera escribir las cláusulas de la alianza de Siquem Jos 24,26, o Moisés las leyes del Sinaí Ex 24,4 y el recuerdo de la victoria sobre Amalec Ex 17,14.

II. El Peso del Escrito

«LO que he escrito, está escrito» Jn 19,22, responde Pilato a los sumos sacerdotes que acuden a quejarse de la inscripción fijada en la cruz de Jesús. El romano, los judíos y el evangelista están concordes en ver un signo en aquel rótulo: en la cosa escrita hay algo de irrevocable; es una expresión solemne y definitiva de la ↗palabra, por lo cual se presta naturalmente a expresar el carácter infalible e intangible de la palabra divina, la que permanece para siempre Sal 119,89. ¡Ay del que la altere! Ap 22,18s. Loco es quien se imagine hacerla írrita destruyéndola Jer 36,23.

Si el rito de las «aguas amargas» Num 5,23, a pesar del progreso que representa respecto a las ordalías primitivas, supone todavía un pensar arcaico, la inscripción de las palabras divinas prescrita sobre el dintel de la puerta de cada casa Dt 6,9 Dt 11,20, sobre el rollo confiado al rey a su advenimiento Dt 17,18, sobre la diadema del sumo sacerdote Ex 39,30 expresa de manera muy pura la soberanía de la palabra de Yahveh sobre Israel, la exigencia irrevocable de su ↗voluntad.

Es sumamente natural que los ↗profetas confíen a la escritura el texto de sus oráculos. El escrito, forma solemne e irrevocable de la palabra, es utilizado constantemente en Oriente por los que pretenden fijar el destino. Los profetas de Israel, así como tienen conciencia de recibir la palabra de Yahveh, así también atestiguan que si la confían a la escritura, es también por orden de Dios Is 8,1 Jer 36,1-4 Hab 2,2 Ap 14,13,19,9 a fin de que tal ↗testimonio sellado públicamente Is 8,16 atestigüe, cuando sucedan los acontecimientos, que sólo Yahveh los había revelado anteriormente Is 41,26. Así la escritura da testimonio de la ↗fidelidad de Dios.

III. Las Sagradas Escrituras

La transcripción de la palabra divina, expresión permanente y oficial de la acción de Dios, de sus exigencias y de sus promesas, es sagrada como la palabra misma: las Escrituras de Israel son «las Sagradas Escrituras». La palabra no se halla todavía en el AT, pero ya las tablas de piedra que contienen lo esencial de la ley Ex 24,12 son consideradas como «escritas por el dedo de Dios» Ex 31,18, cargadas de su ↗santidad.

El NT emplea ocasionalmente la expresión rabínica «las Sagradas Escrituras» Rom 1,2; «las Sagradas Letras», 2Tim 3,15, pero habla generalmente de las Escrituras o también de la Escritura en singular, ya para alegar o enfocar un texto preciso Mc 12,10 Lc 4,21, ya para designar incluso el conjunto del AT 7n 2,22 Lc 10,35 Act 8,32 Gal 3,22. Así se expresa la conciencia viva de la unidad profunda de los diferentes escritos del AT, que será traducida en forma todavía más sugestiva por el nombre cristiano tradicional de «Biblia» para designar la colección de los ↗libros sagrados. Pero la fórmula más frecuente es el mero «está escrito», donde la forma impersonal designa a Dios sin nombrarlo, y que afirma así a la vez la santidad inaccesible de Dios, la infalible certeza de su mirada y la inquebrantable fidelidad de sus ↗promesas.

IV. El Cumplimiento de las Escrituras

«Es preciso que se cumpla todo lo que está escrito de mí» Lc 24,44; es preciso que se cumplan las Escrituras Mt 26,54. Dios no habla en vano Ez 6,10 y su Escritura «no puede ser abolida» Jn 10,35. Jesús, al que sólo una vez se le ve en actitud de escribir, sobre la arena Jn 8,6, no dejó ningún escrito, pero consagró solemnemente el valor de la Escritura hasta el más menudo signo gráfico: «una sola tilde» Mt 5,18, y definió su significado: la escritura no puede borrarse, permanece.

Pero sólo puede permanecer cumpliéndose; hay en la Escritura la permanencia viva de la palabra eterna de Dios, pero puede también haber en ella la supervivencia de condiciones antiguas destinadas a pasar; hay un ↗Espíritu que vivifica y una letra que mata 2Cor 3,6. Cristo es quien hace pasar de la letra al Espíritu 2Co 3,14; reconociendo a Cristo a través de las Escrituras de Israel es como se halla en ellas la vida eterna Jn 5,39, y los que se niegan a creer en las palabras de Jesús demuestran con ello que, si bien ponen su esperanza en Moisés y su orgullo en sus escritos, sin embargo, no creen en él ni lo laman en serio Jn 5,45ss.

V. La Ley Escrita en los Corazones

La nueva alianza no es la de la letra, sino la del espíritu 2Cor 3,6; la nueva ↗ley está «inscrita en los corazones» del nuevo pueblo Jer 31,33, que no tiene ya necesidad de ser ↗enseñado por un texto impuesto desde fuera Ez 36,27 Is 54,13 Jn 6,45. Sin embargo, el NT comporta todavía escritos, a los cuales la Iglesia reconoció muy pronto la misma autoridad y dio el mismo nombre que a las Escrituras 2Pe 3,16, hallando en ellas la misma palabra de Dios Lc 1,2 y el mismo Espíritu. En efecto, estos escritos no sólo están en la línea de las Escrituras de Israel, sino que ilustran su sentido y su alcance. Sin ellas, los escritos del NT serían ininteligibles, hablarían un lenguaje cuya clave no poseería nadie; pero sin ellos, los libros judíos sólo contendrían mitos: una ley divina que no pasaría de ser letra muerta, una promesa incapaz de responder a la esperanza que suscita, una aventura sin resultado.

Todavía hay Escrituras en la nueva alianza: en efecto, todavía no está abolido el tiempo, hay que fijar en la memoria de las generaciones el recuerdo de lo que es Jesucristo y de lo que hace. Pero las Escrituras no son ya para el cristiano un libro que él descifra página por página, sino un ↗libro totalmente desplegado, en el que todas las páginas se abarcan de una sola mirada y transmiten su misterio, Cristo, alfa y omega, principio y fin de toda Escritura.

fuente: Leon-Dufour, Xavier: Vocabulario de teología bíblica. Edición original: "Vocabulaire de théologie biblique", Paris, Editions du Cerf, 1962. Edición española: ISBN: 9788425408090 (Ed. Herder - 2001)
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