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El Testigo Fiel
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«Mira que estoy a la puerta y llamo,
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Biblia: Vocabulario de Teología Bíblica
Buscador simple (o avanzado)
El buscador «simple» permite buscar con rapidez una expresión entre los campos predefinidos de la base de datos. Por ejemplo, en la biblioteca será en título, autor e info, en el santoral en el nombre de santo, en el devocionario, en el título y el texto de la oración, etc. En cada caso, para saber en qué campos busca el buscador simple, basta con desplegar el buscador avanzado, y se mostrarán los campos predefinidos. Pero si quiere hacer una búsqueda simple debe cerrar ese panel que se despliega, porque al abrirlo pasa automáticamente al modo avanzado.

Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.

Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
La búsqueda admite el uso de comillas normales para buscar palabras y expresiones literales.
La búsqueda no distingue mayúsculas y minúsculas, y no es sensible a los acentos (en el ejemplo: católica y Catolica dará los mismos resultados).

Léon-Dufour: Tormenta

1. Interpretación pagana.

En el antiguo Oriente se mira a la tormenta como manifestación de un dios (Baal en Canaán). Esta manifestación presenta tres caracteres. La tormenta, despliegue de fuerzas cósmicas, ante las que el hombre no puede nada, revela la majestad terrorífica del dios. Como fenómeno peligroso para el hombre, es un signo de cólera: el dios, oculto en la nube, da una voz contra sus enemigos (= trueno) y lanza contra ellos sus flechas (= relámpagos) Sal 18,6-16. Finalmente la tormenta, acarreando la lluvia fertilizante, muestra en el dios la fuente de la fecundidad.

2. La tormenta, signo de la majestad divina.

En el lenguaje bíblico queda excluida toda resonancia politeísta, especialmente la que acompañaba a los cultos de fecundidad; pero la tormenta conserva todavía un sentido. Es una de las maravillas que proclaman la grandeza del Creador Jer 51,16s Sal 135,7 Job 38,34-38, -una manifestación velada de su tremenda majestad Job 36,29-37,5; Dios tiene su trono por encima de la tormenta en su trascendencia Sal 29. De este modo la tormenta sirve para representar al Señor en su ↗gloria Job 38,1 Ez 1,13s Ez 10,5 Ap 4,5 Ap 8,5ss Ap 10,3s. Es el marco de la teofanía clásica, en que se evocan las intervenciones de Dios acá en la tierra: las de la historia sagrada, con ocasión del Éxodo Sal 77,19ss, en el Sinaí Ex 19,16-19, en la entrada en Canaán Jue 5,4s; aquéllas por las que libera a su ungido Sal 18 o a su pueblo Hab 3,3-16; la que inaugurará su reinado definitivo Sal 97,1-6. Sin embargo, Dios no es sólo una ↗presencia majestuosa que inspira terror sagrado. Ya Elías en el Horeb es invitado a rebasar este signo parcial para oir una revelación más alta: Dios es también una ↗presencia íntima, que habla al hombre con la suavidad de una brisa ligera 1Re 19,11ss.

3. La tormenta, signo de la ira divina.

La tormenta, en cuanto manifiesta las disposiciones de Dios para con los hombres, es un signo ambiguo: signo benéfico, cuando gracias a ella otorga Dios la ↗fecundidad a una naturaleza desolada 1Re 18; pero también azote temeroso, que reserva Dios a sus enemigos como señal de su ↗ira Ex 9,13-34. La teofanía de la tormenta conviene, pues, particularmente a Dios cuando juzga y castiga Is 30,27ss, sobre todo en el ↗juicio final, en que lanzará sus rayos contra ↗Babilonia Ap 16,18 Ap 11,19. Por eso, a manera de anticipación de este juicio, se deja oir la voz divina como un trueno cuando proclama la glorificación del Hijo en el momento en que el príncipe de este mundo va a ser derrocado Jn 12,28-32.

Esta perspectiva del juicio haría temblar de espanto si Dios no asegurara a los suyos que será su abrigo contra la tormenta: sólo el mundo pecador está amenazado por este azote escatológico Is 4,6. Porque ↗Dios es muy distinto de un Júpiter tonante: Jesús hace comprender a los «hijos del trueno» Mc 3,17 que no se complace en lanzar rayos contra los que no le reciben Lc 9,54s. La teofanía de la tormenta queda ya completada por la revelación de la ↗gracia divina, que nos es dada en la persona de Jesús Tit 2,11. «Trompetas, relámpagos, la tierra tiembla; pero cuando tú desciendes al seno de una Virgen, tu paso no hace el menor ruido» (epigrama cristiano sobre la natividad de Cristo).

fuente: Leon-Dufour, Xavier: Vocabulario de teología bíblica. Edición original: "Vocabulaire de théologie biblique", Paris, Editions du Cerf, 1962. Edición española: ISBN: 9788425408090 (Ed. Herder - 2001)
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