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El Testigo Fiel
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Biblia: Vocabulario de Teología Bíblica
Buscador simple (o avanzado)
El buscador «simple» permite buscar con rapidez una expresión entre los campos predefinidos de la base de datos. Por ejemplo, en la biblioteca será en título, autor e info, en el santoral en el nombre de santo, en el devocionario, en el título y el texto de la oración, etc. En cada caso, para saber en qué campos busca el buscador simple, basta con desplegar el buscador avanzado, y se mostrarán los campos predefinidos. Pero si quiere hacer una búsqueda simple debe cerrar ese panel que se despliega, porque al abrirlo pasa automáticamente al modo avanzado.

Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.

Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
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Léon-Dufour: Rey

En el antiguo Oriente la institución regia está siempre íntimamente ligada con la concepción mítica de la realeza divina, común a las diversas civilizaciones del tiempo. Por esta razón es una institución sagrada que, en diversos grados, pertenece a la esfera de lo divino. En Egipto el faraón reinante es considerado como una encarnación de Horus; todos sus actos son por tanto divinos por naturaleza y las funciones cultuales le incumben por derecho. En Babilonia el rey es el elegido de Marduk, delegado por él paja el gobierno de las «cuatro regiones», es decir, de la tierra entera; jefe civil y militar, es también el sumo sacerdote de la ciudad. En los, dos casos la función regia convierte a su titular en el ↗mediador nato entre los dioses y los hombres. No sólo debe procurar a éstos la justicia, la victoria, la paz, sino que además, por intermedio de él, llegan todas las bendiciones divinas, incluso la fertilidad de los campos y la fecundidad humana y animal. Así la institución regia hace cuerpo con las mitologías y los cultos politeístas. En época más tardía el imperio griego y el imperio romano reasumirán las ideas fundamentales de la misma cuando lleguen a divinizar a sus soberanos. Tal es el fondo sobre el que se destaca en toda su originalidad la revelación bíblica. El tema del ↗reino de Dios ocupa en los dos Testamentos un puesto de primera importancia; el de la realeza humana se desarrolla a partir de la experiencia israelita y sirve finalmente para definir la realeza de Jesucristo. Pero por una parte y por otra la ideología sufre una purificación radical que la pone en armonía con la revelación del ↗Dios único. En el segundo punto es incluso completamente transformada: por una parte, desde los orígenes, la realeza como institución se desgaja de la esfera de lo divino; por otra parte, al final del desarrollo doctrinal la realeza de Cristo es de un orden diferente del orden del mundo político.

AT

La realeza no pertenece a las instituciones más fundamentales del ↗pueblo de Dios, confederación de las tribus ligadas por la ↗Alianza. Existía, sin embargo, en Canaán desde la época de los patriarcas Gen 20, y en los pequeños pueblos vecinos desde la época del éxodo y de los jueces Gen 35,31-39 Num 20,14 Nm 21,21.33 Nm 22,4 Jos 10-11 Jue 4,2 Jc 8,5. Pero cuando Israel adopta la representación regia para aplicarla a su Dios, no saca de ella ninguna consecuencia para sus instituciones políticas; Yahveh reina sobre Israel Jue 8,23 1Sa 8,7 Ex 19,6 en virtud de la alianza, pero ningún rey humano encarna su presencia en medio de su pueblo.

I. La Experiencia Regia

1. Institución de la realeza.

En tiempo de los jueces, Abimelek trata de instaurar en Siquem una realeza de tipo cananeo Jue 9,1-7; la institución tropieza con una fuerte resistencia ideológica Jc 9,8-20, fracasando lamentablemente Jc 9,22-57. Ante el peligro filisteo es cuando los ancianos de Israel comienzan a desear un rey «que los juzgue y dirija sus guerras» 1Sa 8,19. Institución ambigua que se expone a asimilar a Israel a las «otras naciones» 1S 8,5.20; por eso uno de los relatos del hecho atribuye a Samuel una actitud de oposición 1S 8,6 1S 10,17ss 1S 12,12. De todos modos, Samuel consagra religiosamente la institución confiriendo la ↗unción a Saúl 1S 9,16s 1S 10,1 y presidiendo su coronación 1S 10,20-24 1S 11,12-15. Pero la monarquía se inserta en un marco más amplio, cuyos rasgos fundamentales son fijados siempre por el pacto de la alianza: Saúl es, como los jueces, un jefe carismático guiado por el ↗Espíritu de Yahveh 1S 10,6ss y que dirige la ↗guerra santa 1S 11. También como jefe carismático de valor comprobado le sucede David, primero en Judá 2Sa 2,1-4, luego en Israel 2S 5,1ss. Sin embargo, con él da la monarquía un nuevo paso: el reino se organiza políticamente según el modelo de los Estados vecinos, y sobre todo la profecía de Natán hace de la dinastía davídica una institución permanente del pueblo de Dios, depositaria de ias promesas divinas 2S 7,5-16. Así pues, la esperanza del pueblo de Dios estará ligada en adelante con la realeza davídica, por lo menos en el sur del país Num 24,17 Gen 49,8-12, donde la institución conservará siempre su forma dinástica. En el norte, por el contrario, los medios religiosos tenderán a conservarle una forma carismática, y se verá a profetas suscitar vocaciones reales 1Re 11,26-40 2Re 9.

2. Las funciones regias.

En Israel el rey no pertenece, como en las civilizaciones circundantes, a la esfera de lo divino. Está sometido como los otros hombres a las exigencias de la alianza y de la ley, como los profetas no dejan de recordarlo cuando se presenta la ocasión 1Sa 13,8-15 1S 15,10-30 2Sa 12,1-12 1Re 11,31-39 1R 21,17-24. Es, sin embargo, un personaje sagrado, cuya ↗unción se debe respetar 1Sa 24,11 1S 26,9. A partir de David se precisa su situación con respecto a Dios: Dios hace de él su ↗hijo adoptivo 2Sa 7,14 Sal 2,7 Sal 89,27s, depositario de sus poderes y virtualmente establecido a la cabeza de todos los reyes de la tierra Sal 89,28 Sal 2,8-12 Sal 18,44ss. Si es fiel, Dios le promete su protección. Por sus ↗victorias sobre el enemigo del exterior deberá asegurar la prosperidad de su pueblo Sal 20 Sal 21 y, en el interior, hacer que reine la ↗justicia Sal 45,4-8 Sal 72,1-7.12ss Prov 16,12 Pr 25,4s Pr 29,4.14. Sus quehaceres temporales convergen de este modo con el fin fundamental de la alianza y la ↗ley. Además, como jefe del pueblo de Dios ejerce en la ocasión determinadas funciones cultuales 2Sa 6,17s 1Re 8,14.62s, lo que explica el que se hable de un ↗sacerdocio regio Sal 110,4. El ideal del rey fiel Sal 101, justo, pacífico, corona así en cierto modo todo el ideal nacional: el ejercicio del poder regio debe hacer que este ideal pase a la práctica.

3. Ambigüedad de la experiencia regia.

Sin embargo, los libros históricos y proféticos hacen notar la ambigüedad de la experiencia regia. En toda la medida en que los reyes responden al ideal que les está asignado, los profetas los sostienen y los historiadores no les escatiman su elogio; así, por ejemplo, respecto de David Sal 78,70 Sal 89,20-24, de Asa 1Re 15,11-15, de Josafat 1Re 22,43, de Ezequías 2Re 18,3-7, de Josías 2Re 23,25. Pero la gloria de Salomón es ya más equívoca 1Re 11,1-13. Finalmente, son numerosos los malos reyes, tanto en Israel 1Re 16,25ss.30-33 como en Judá 2Re 16,2ss 2R 21,1-9. En efecto, la realeza israelita se ve constantemente en la tentación, sobre todo en el norte, de seguir el ejemplo de las monarquías paganas circundantes, no sólo copiando su despotismo (que denuncia 1Sa 8,10-18), sino inclinándose a una ↗idolatría que en otras partes es favorecida por la concepción mítica de la realeza divina. Por eso el movimiento profético denuncia incesantemente estos abusos y muestra en las calamidades nacionales el castigo merecido por los reyes Is 7,10ss Jer 21-22 36-38 2Re 23,26s. Oseas condena la misma institución regia Os 8,4. El Deuteronomio, tratando de reglamentarla, pone a los monarcas en guardia contra la imitación de los reyes paganos Dt 17,14-20.

4. Los reyes paganos.

Frente a los reyes paganos no carece de matices la actitud de los libros sagrados. Como toda ↗autoridad terrestre, tienen el poder de Dios; Eliseo interviene incluso en nombre de Dios para suscitar en Damasco la insurrección de Hazael 2Re 8,7-15 1Re 19,15. Estos reyes pueden tener ↗misiones providenciales para con el pueblo de Dios: da a Nabucodonosor el imperio sobre todo el Oriente, comprendido Israel Jer 27 y luego suscita a Ciro para abajar a Babilonia y liberar a los judíos Is 41,1-4 Is 45,1-6. Pero todos están sometidos a sus exigencias, y Yahveh pronuncia sus juicios para castigar su «soberbia sacrílega» Is 14,3-21 Ez 28,1-19 y sus blasfemias Is 37,21-29. Ellos también deben plegarse, cuando llegue la hora, ante su suprema realeza y ante el poder de su ungido Sal 2 Sal 72,9ss.

II. Hacia la Realeza Futura

1. Las promesas proféticas.

Diversos profetas, juzgando la experiencia regia desde un punto de vista puramente religioso, acabaron por estimarla desastrosa. Oseas anunció su fin Os 3,4s. Jeremías enfocó con lucidez el abajamiento de la dinastía davídica Jer 21-22, a la que Isaías mostraba todavía tanta adhesión. En la perspectiva de los «últimos tiempos» la generalidad de los profetas deja entrever la realización del designio divino manifestado en el llamamiento de David y esbozado en ↗figura en algunos raros casos logrados. En el siglo viii vuelve Isaías los ojos hacia el rey futuro cuyo nacimiento saluda Is 9,1-6: éste dará al pueblo de Dios el ↗gozo, la ↗victoria, la ↗paz y la ↗justicia. Este retoño de Jesé animadopor el ↗Espíritu de Yahveh hará que reine de tal modo la ↗justicia Is 32,1-5 que el país volverá a convertirse en un ↗paraíso terrenal Is 11,1-9. Miqueas profesa la misma confianza en su venida Miq 5,1-5. Jeremías, en el momento mismo en que se produce la caída de la dinastía, anuncia el reinado futuro del germen justo de David Jer 23,5s. Ezequiel, aunque profesando la misma fe fundamental, marca, sin embargo, una nueva dirección. Al nuevo David, ↗pastor de Israel, sólo le concede el título menos llamativo de príncipe Ez 34,23s Ez 45,7s; remontándose más allá de la época de la monarquía busca, pues, el profeta el ideal de Israel en la teocracia de los tiempos mosaicos. Centrando también su esperanza en esta teocracia Is 52,7, el mensaje de consolación no deja por ello de contar con la realización de las promesas hechas a David Is 55,3 Sal 89,35-38.

2. En espera de las promesas.

La experiencia de la monarquía tuvo fin en 587. No había sido después de todo más que un paréntesis en la historia de Israel. Pero había dejado profunda huella en los espíritus. Durante el exilio se sufre de la humillación de la dinastía Lam 4,20 Sal 89,39-52 y se ora por su restauración Sal 80,18. La misión de Zorobabel Esd 3 hace esperar por un instante que este «germen de David» restablezca la monarquía nacional Zac 3,8ss Za 6,9-14; pero la esperanza queda frustrada. El judaísmo postexílico, reorganizado en forma teocrática, está sometido a la autoridad de reyes paganos que protegen liberalmente su autonomía Esd 7,1-26 y por los que se ora oficialmente Esd 6,10 1Mac 7,33. A medida que se prolonga la duración de la prueba para la nación, los ojos se vuelven más hacia los «últimos tiempos» anunciados por los profetas. La espera del ↗reino de Dios constituye el punto central de la esperanza escatológica. Pero en este marco la espera del rey futuro sigue ocupando un lugar importante. Los antiguos salmos reales se ponen en relación con él Sal 2 Sal 45 Sal 72,110 y a la luz de los mismos se representa su reinado. La imagen de un rey justo, victorioso y pacífico Zac 9,9s se perfila en el horizonte. En cuanto a los reyes paganos; unas veces se los pinta sometidos a su imperio y participando en el culto del verdadero Dios Is 60,16, otras se anuncia su juicio y su condenación Is 24,21s si se alzan contra el reinado de Yahveh Dan 7,17-27.

3. En el umbral del NT.

La restauración de la monarquía por la dinastía asmonea en el momento en que la corriente apocalíptica se refugia en la espera de una intervención milagrosa de Dios Dan 2,44s Dn 12,1, no está en la línea de la esperanza tradicional. Así como la insurrección de Judas enlaza con la ideología de las antiguas ↗guerras santas 1Mac 3, así también la concentración de los poderes en manos de Simón 1Mac 14 aparece luego como una innovación. Además la dinastía asmonea no tarda en adoptar costumbres y métodos de gobierno en vigor entre los reyes paganos. Por eso los ↗fariseos rompen con ella, por fidelidad a la realeza davídica, en la que debe nacer el ↗Mesías (Salmos de Salomón). Paralelamente la corriente esenia se opone a un ↗sacerdocio que estima ilegítimo y aguarda la venida de los «dos mesías de Aarón y de Israel» (el sumo sacerdote y el rey davídico que le estará subordinado). Por lo demás, después de los asmoneos pasa el poder a la dinastía de los Herodes, que actúan bajo el control romano. Pero, aparte de los saduceos, que se acomodan a este estado de cosas, la espera del rey escatológico es ardiente en todo el pueblo judío. Pero aun conservando su objetivo religioso —el reinado final de Dios—, esta espera reviste generalmente un carácter político bastante marcado: se espera que el rey Mesías libere a Israel de la opresión extranjera.

NT

El mensaje del NT tiene por centro el tema, esencialmente religioso, del ↗reino de Dios. El de la realeza mesiánica, enraizado en la experiencia de Israel y fundado en las promesas proféticas, sirve todavía para definir el papel de Jesús, artífice humano del reino. Pero para hallar su puesto en la revelación completa de la salvación se despoja totalmente de sus resonancias políticas.

I. La Realeza de Jesús durante su Vida Terrena

1. ¿Es rey Jesús?

Durante su ministerio público no cede nunca Jesús al entusiasmo ↗mesiánico de las multitudes, demasiado mezclado con elementos humanos y con esperanzas temporales. No se opone ni a la autoridad del tetrarca Herodes, que sin embargo, sospecha de él como concurrente Lc 13,31ss Lc 9,7s, ni a la del emperador romano, a quien se debe el tributo Mc 12,13-17 p: su ↗misión es de orden muy diferente. No se opone al acto de fe mesiánica de Natanael («Tú eres el rey de Israel», Jn 1,49); pero orienta sus miradas hacia la parusía del ↗Hijo del hombre. Cuando después de la multiplicación de los panes quieren las multitudes tomarlo para hacerlo rey, desaparece Jn 6,15. Sin embargo, una vez se preita a una manifestación pública en su entrada triunfal en Jerusalén: mostrándose con humilde aparato, conforme al oráculo de Zacarías Mt 21,5 Zac 9,9, se deja aclamar por rey de Israel Lc 19,38 Jn 12,13. Pero precisamente este éxito acelerará la hora de su pasión. Finalmente, en una perspectiva puramente escatológica habla a los suyos de su reino en el momento en que se va a inaugurar la pasión Lc 22,29s.

2. La pasión y la realeza de Jesús.

El interrogatorio de Jesús durante su ↗proceso religioso versa sobre su calidad de ↗Mesías y de ↗Hijo de Dios. Por el contrario, en su proceso civil ante Pilato se trata de su realeza; los evangelistas lo aprovechan para mostrar que su pasión es la revelación paradójica de la misma. Jesús, interrogado por Pilato («¿Eres el rey de los judíos?» Mc 15,2 p Jn 18,33.37), no reniega este título Jn 18,37, pero precisa que su «↗reino no es de este mundo» Jn 18,36, de modo que no puede hacer competencia al César Lc 23,2. Las autoridades judías, en la ceguera de su incredulidad, acaban por reconocer al César un poder político exclusivo para mejor rechazar la realeza de Jesús Jn 19,12-15. Pero ésta se manifiesta a través de los gestos mismos que la vilipendian: después de la flagelación le saludan los soldados con el título de rey de los judíos Mc 15,18 p; el letrero de la cruz reza: «Jesús nazareno, rey de los judíos» Jn 19,19ss p; los asistentes se ensañan en motejar esta realeza irrisoria Mt 27,42 p Lc 23,37; pero el buen ladrón, reconociendo su verdadera naturaleza, ruega a Jesús «que se acuerde de él cuando esté en su reino» Lc 23,42. En efecto, Jesús conocerá la gloria de la realeza, pero esto tendrá lugar en su ↗resurrección y en la parusía del último día. Venido, como el pretendiente de la parábola, para recibir la realeza, y renegado por sus compatriotas, será, no obstante, investido y volverá para pedir cuentas y ↗vengarse de sus ↗enemigos Lc 19,12-15.27. En la ↗cruz resplandece esta realeza para quien sepa ver las cosas con una mirada de fe: Vexilla Regis prodeunt, fulget crucis mysterium...

II. La Realeza de Cristo Resucitado

1. La realeza actual del Señor.

Cristo resucitado entró en su reino. Pero todavía tiene necesidad de hacer comprender a sus ↗testigos la naturaleza de este reinado mesiánico, tan diferente de lo que aguardan los judíos: no se trata de que restaure la realeza en provecho de Israel Act 1,6; su reinado se establecerá mediante el anuncio de su ↗Evangelio Act 1,8. Aunque rey, lo es como lo proclama la ↗predicación cristiana que le aplica las Escrituras proféticas: el rey de justicia del Sal 45,7 Heb 1,8, el rey sacerdote del Sal 110,4 Heb 7,1. Lo era misteriosamente desde el comienzo de su vida terrenal, como lo subrayan los evangelistas al narrar su infancia Lc 1,33 Mt 2,2. Pero su realeza, «que no es de este ↗mundo» Jn 18,36 y que no está representada en él por ninguna monarquía humana a la que Jesús hubiera delegado sus poderes, no hace en modo alguno competencia a la de los reyes terrenales. Los cristianos vienen a ser sus súbditos cuando Dios los «arranca del dominio de las tinieblas para trasladarlos al reino de su Hijo, en quien tienen la redención» Col 1,13. Esto no les impide someterse también a los reyes de este mundo y reverenciarlos 1Pe 2,13.17, aun cuando estos reyes sean paganos: siendo depositarios de la ↗autoridad, hasta con que no la opongan a la autoridad espiritual de Jesús. El drama está en que a veces se alzan contra ella, realizando la profecía del Sal 2,2. Tal fue ya el caso en su pasión Act 4,25ss. Tal es el caso a todo lo largo de la historia cuando estos reyes terrenales, fornicando con ↗Babilonia Ap 17,2 y dejándola reinar sobre ellos Ap 17,18, participan por el mismo caso en la realeza satánica de la ↗bestia Ap 17,12: entonces, embriagados de su poder, se convierten en perseguidores de la Iglesia y de sus hijos, como la misma Babilonia que se embriaga con la sangre de los ↗mártires de Jesús Ap 17,6.

2. El reinado de Cristo en la parusía.

En el cuadro simbólico de los últimos tiempos que traza el Apocalipsis la crisis final se abrirá por tanto con una campaña de todos estos reyes contra el ↗cordero: habiendo entregado su poder a la ↗bestia Ap 17,13, se reunirán con miras al gran ↗día Ap 16,14, pero el cordero los vencerá Ap 19,18s, «pues es el rey de los reyes y el ↗señor de los señores» Ap 17,14 Ap 19,1ss Ap 1,5. Su parusía será la espléndida manifestación de su reinado al mismo tiempo que del reinado de Dios Ap 11,15 2Tim 4,1: según el oráculo de Is 11,4, el rey hijo de ↗David aniquilará entonces al ↗anticristo con la manifestación de su parusía 2Tes 2,9. Luego entregará su reino a su ↗Padre, pues, según el texto del Sal 110,1, es preciso que reine «hasta que Dios haya puesto a todos sus enemigos a sus pies» 1Cor 15,24s. Al terminar la ↗guerra escatológica que emprenderá como Verbo de Dios, regirá a sus enemigos, según el Sal 2,9, con un cetro de hierro Ap 19,15s. Entonces, como participación en su reinado 1Cor 15,24, todos los mártires, decapitados por haberse negado a adorar a la ↗bestia, resucitarán para reinar con él y con Dios Ap 20,4s Ap 5,10. Participarán también, según la promesa de Dan 7,22.27, en el reinado eterno del ↗Hijo del hombre. ¿No es esto mismo lo que Jesús había prometido a los doce en la última cena: «Yo dispongo para vosotros del reino y vosotros os sentaréis en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel»? Lc 22,29s Ap 7,4-8.15.

fuente: Leon-Dufour, Xavier: Vocabulario de teología bíblica. Edición original: "Vocabulaire de théologie biblique", Paris, Editions du Cerf, 1962. Edición española: ISBN: 9788425408090 (Ed. Herder - 2001)
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