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El Testigo Fiel
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Biblia: Vocabulario de Teología Bíblica
Buscador simple (o avanzado)
El buscador «simple» permite buscar con rapidez una expresión entre los campos predefinidos de la base de datos. Por ejemplo, en la biblioteca será en título, autor e info, en el santoral en el nombre de santo, en el devocionario, en el título y el texto de la oración, etc. En cada caso, para saber en qué campos busca el buscador simple, basta con desplegar el buscador avanzado, y se mostrarán los campos predefinidos. Pero si quiere hacer una búsqueda simple debe cerrar ese panel que se despliega, porque al abrirlo pasa automáticamente al modo avanzado.

Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.

Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
La búsqueda admite el uso de comillas normales para buscar palabras y expresiones literales.
La búsqueda no distingue mayúsculas y minúsculas, y no es sensible a los acentos (en el ejemplo: católica y Catolica dará los mismos resultados).

Léon-Dufour: Expiación

Las traducciones de la Biblia utilizan con frecuencia el término «expiación», o a veces «propiciación» (hebr. kipper, gr. hilaskesthai) en el AT, sea a propósito de los ↗sacrificios «por el pecado», en que se dice que el sacerdote «ejecuta el rito de la expiación» (p.e., Lev 4). sea, todavía más especialmente, a propósito de la fiesta anual del 10 tisri, llamada generalmente «el día de las expiaciones» o «el gran día de la expiación», cuyo ritual está descrito detalladamente en Lev 16.

En el NT, si el término es raro Rom 3,25 Heb 2,17 1Jn 2,2 1Jn 4,10, la idea se halla frecuentemente, no sólo en toda la epístola a los Hebreos, que asimila la misión ↗redentora de Cristo a la función del sumo sacerdote el «día de las expiaciones», sino, más o menos ciertamente, cada vez que se declara que Cristo «murió por nuestros pecados» (p.c., 1Cor 15,3) o que «derramó su sangre por la remisión de los pecados» (p.e., Mt 26,28).

1. Expiación y pecado.

En numerosas lenguas modernas la noción de expiación tiende a confundirse con la de ↗castigo, aunque éste no sea medicinal. Por el contrario, para todos los antiguos, y tal es el sentido del verbo expiare, tanto en la Vulgata como en la liturgia, quien dice expiar dice esencialmente «purificar», o más exactamente hacer un objeto, un lugar, a una persona «agradable a los dioses, después de haber sido desagradable» (Lachelier). Toda expiación supone, pues, la existencia de un pecado y tiene por efecto destruirlo.

Como este ↗pecado no se concibe a la manera de una suciedad material, que el hombre sería capaz de hacer desaparecer, sino que se identifica con la rebelión misma del hombre contra Dios, la expiación borra el pecado reuniendo de nuevo al hombre con Dios, «consagrándoselo» según el sentido de la aspersión de la ↗sangre. Como, por otra parte, el pecado provoca la ↗ira de Dios, toda expiación pone un término a esta ira, «hace a Dios propicio»; pero la Biblia atribuye de ordinario este papel a la oración, mientras que el sacrificio de expiación tiene más bien por fin «hacer al hombre agradable a Dios».

2. Expiación e intercesión.

En los raros pasajes en que aparecen asociados estos dos términos de expiación y de ira, se trata efectivamente de una ↗oración: así, la expiación de Moisés Ex 32,30 Ex 32,11ss, o la de Aarón Num 17,11ss, según la interpretación de Sab 18,21-25; así, según el Targum, la de Pinhás Sal 106,30 y todavía más claramente la del «siervo de Yahveh», cuyo papel de intercesor se menciona cuatro veces (Targum Is 53,4.7.11.12). Y en virtud de esta misma noción de expiación san Jerónimo, siguiendo en esto el uso dé las viejas versiones latinas, en la fórmula estereotipada que concluye cada uno de los sacrificios por el pecado pudo traducir el verbo hebreo que significa «ejecutar el rito de expiación» por un verbo que significa «orar» o «interceder» Lev 4,20.26.31.

No debe, pues, extrañarnos que la epístola a los Hebreos, al describir a Cristo entrando en el cielo para desempeñar allí la función esencial de su ↗sacerdocio definida como «intercesión» Heb 7,25 Hb 9,24, pueda asimilarlo al sumo sacerdote, que penetra al otro lado del velo para allí ejecutar el rito sacrificial por excelencia, la aspersión de la sangre sobre el propiciatorio.

En todo caso tal interpretación recalcaba hasta qué punto una expiación auténtica no puede tener valor independientemente de las disposiciones interiores del que la ofrece; es ante todo un acto espiritual, que el gesto exterior expresa, pero que no puede suplir. Excluye igualmente toda pretensión del hombre, de forzar a Dios a hacérsele propicio. La sabiduría, describiendo la intercesión de Aarón, cuida de precisar que su oración consistió en «recordar a Dios sus promesas y sus juramentos» Sab 18,22, tanto tal oración viene a ser un acto de fe en la ↗fidelidad de Dios. La expiación así concebida no tiende en absoluto, a no ser a los ojos del hombre, a cambiar las disposiciones de Dios, sino a disponer al hombre a acoger el don de Dios.

3. Expiación y perdón.

Así el «día de las expiaciones» era todavía más en la conciencia religiosa de los judíos, el «día de los perdones». Y cuan do san Juan por dos veces, evocando ya la intercesión celestial de Cristo cerca del Padre 1Jn 2,2, ya la obra llevada a cabo acá en la tierra con su muerte y su resurrección 1Jn 4,10, declara que es, o que el Padre lo hizo, «hilamos por nuestros pecados», el término presenta sin duda el mismo sentido que tiene siempre en el AT griego (p.e., Sal 130,4) y que la palabra latina propitiatio presenta también siempre en la liturgia: por Cristo y en Cristo realiza el Padre el designio de su amor eterno 1Jn 4,8 «mostrándose propicio», es decir, «perdonando» a los hombres, con un ↗perdón eficaz que destruye verdaderamente el pecado, que purifica al hombre, le comunica su propia vida 1Jn 4,9.

fuente: Leon-Dufour, Xavier: Vocabulario de teología bíblica. Edición original: "Vocabulaire de théologie biblique", Paris, Editions du Cerf, 1962. Edición española: ISBN: 9788425408090 (Ed. Herder - 2001)
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