La Biblia hebrea no dispone de una correspondencia exacta del concepto de cosmos como designación del universo. El Nuevo Testamento se acomoda en este punto a los usos lingüísticos del judaísmo temprano helenista, donde puede significar «orden» y «ornato» (1Mac; 2Mac; Si; cf. 1Pe 3,3), aunque se le encuentra también, como denominación del mundo, en las secciones más recientes de los LXX (p. ej., Sab; 2Mac; 4Mac) y en las obras de autores judíos (p. ej., Filón de Alejandría). Para la fe judía en la ↗creación era importante que el cosmos fuera entendido como criatura de Dios (Sab 9,9) y que Dios fuera designado como Señor del universo (2Mac 7,9; 2Mac 7,23; 2Mac 12,15; 2Mac 13,14; 4Mac 5,25). En el Nuevo Testamento es frecuente una valoración positiva o neutra del cosmos, en la que se solapan el mundo de las cosas y el universo humano. Pero resulta más importante una semántica escéptica distante que se nutre tanto del pensamiento apocalíptico como de influencias platonizantes. No se renuncia a la idea del cosmos como creación (Mt 13,35; Mt 25,34; Lc 11,50; Jn 1,9ss; Hch 17,24), que sigue siendo el lugar de la redención (Mt 5,14; Mt 13,38; Mc 16,15; Jn 1,29; Jn 3,16ss; Jn 4,42; Jn 6,33; Jn 6,51; Jn 8,12; Jn 9,5; Jn 10,36; Jn 11,27; Jn 12,46ss; Jn 17,6; Jn 17,21; Jn 17,23; 2Cor 5,19; 1Tim 1,15; 1Jn 2,2; 1Jn 4,9; 1Jn 4,14; Ap 11,15), pero son también numerosos los pasajes que lo entienden como pecador y hostil a Dios (p. ej., Jn 3,19; Jn 7,7; Jn 8,23; Jn 14,17; Jn 16,8; Jn 17,11; Jn 17,13; Jn 17,16; Jn 17,25; Jn 18,36; Rm 3,6; 1Cor 1,20ss; 1Cor 1,27ss; 1Cor 2,12; 1Cor 7,31; 1Cor 7,33ss; 2Cor 7,10; Gál 4,3; Ef 2,2; Col 2,8; Col 2,20; Sant 1,27; Sant 3,6; Sant 4,4; 2Pe 2,20; 1Jn 2,15; 1Jn 4,1; 1Jn 4,4ss). El diablo es el príncipe de este mundo (Jn 12,31; Jn 14,30; Jn 16,11; Ef 6,12; 1Jn 5,19). Nunca se utiliza este término para designar al nuevo mundo redimido. En perspectiva religioso-sociológica este modo de hablar está fundamentado en la amenaza existencial que pendía sobre una insignificante minoría rechazada en el mundo hostil (Jn 16,33) del Imperio romano y apenas se le puede trasladar, por tanto, a la situación de la Gran Iglesia.
Joachim Kügler