(Hebreo עִמָּנוּ אֵל [‘immānû ’ēl], «Dios con nosotros», Vulg. Emmanuel), nombre de un niño cuyo nacimiento de una עַלְמָה [‘almāh], «virgen» o «mujer joven», anunciado por el profeta Isaías, constituía, según Is 7,14b, la señal dada a ↗Ajaz o, respectivamente, a la casa de David, en el marco de un episodio durante la guerra sirio-efrainita. Frente a la interpretación directamente mesiánica, predominante e incluso única en el pasado desde muchos puntos de vista, que aplicaba la sentencia a Jesús (Mt 1,23), en la exégesis científica veterotestamentaria de los últimos decenios, y en el marco de las numerosas y diversas soluciones propuestas, se ha llegado a un cierto consenso que identifica a Immanuel con el hijo y sucesor de Ajaz.
Según esto, con el anuncio del nacimiento de un hijo en el contexto de un oráculo dinástico se le anunciaba al rey Ajaz por anticipado el desenlace favorable de la amenaza militar que proyectaban sobre Judá el Estado arameo de Damasco, el reino del Norte y el poder asirio. Esta interpretación es la que mejor encaja con el estado actual del texto, así como con la posición personal del profeta en Is 7,1-17, dentro del llamado «memorial de Isaías» (Is 6,1-8,18), y sitúa asimismo la yuxtaposición de tendencias de castigo y de salvación en Is 7,1-17 en un punto de equilibrio relativamente satisfactorio, aunque siguen existiendo considerables dificultades: la presencia de un relato ajeno, la estructuración de Is 7,13-17 como sentencia de castigo contra la casa de David, los problemas de crítica literaria de Is 7,14b-17 y otras numerosas observaciones textuales abren de par en par las puertas a otras interpretaciones.
En lo que respecta sobre todo al carácter del relato ajeno, hay que preguntarse si Is 7,1-17 fue redactado en la época de Isaías y/o sólo refleja este período, o si, por el contrario, el acontecimiento debe leerse sobre el negativo de la catástrofe del 587 a.C.: en este segundo caso, la señal consistiría o bien en que se anuncia el final de la casa de David como consecuencia de la errónea política de los davídidas, paradigmáticamente representada en Ajaz (Immanuel sería entonces el sucesor del trono en cuyo nombre se renueva probablemente la garantía de permanencia en favor de la dinastía [Is 7,9b], pero cuyo destino documenta la ruptura entre Dios y el linaje de David sobre el telón de fondo de Is 7,11-13 [tu Dios-mi Dios], a cuyas consecuencias se alude), o bien en que a la dinastía que ha fallado a los ojos de Dios se le contrapone un antípoda, el soberano mesiánico de los últimos tiempos (cf. Miq 5,2). Frente a esta explicación, para la mayoría de los investigadores actuales Is 7,15, redaccionalmente valorado y mesiánicamente interpretado, es el puente hacia la intelección mesiánica del Immanuel en la época neotestamentaria.
Jürgen Werlitz