Como experiencia humana elemental y plural aparece en muchos pasajes del AT y genera un vocabulario rico. En particular, autores sapienciales pueden verla como nacida del interior, como salud interior (Eclo 13,25-14,2; Eclo 30,21-25), como uno de los bienes máximos (Eclo 1,11-13); Jeremías se aparta de gozos humanos (Jr 16); Jerusalén es gozo superior de los desterrados (Sal 137). Acompaña y testimonia la experiencia consciente de la salvación e informa la expresión de esa conciencia; de ahí el carácter alegre, festivo del culto (Dt 12; Dt 16), tanto que la misma palabra hebrea puede significar alegría y fiesta. La expresión puede acompañarse de música y danzas (Ex 15). La alegría humana se extiende a la naturaleza en una especie de contagio cósmico (Sal 65; Sal 98). La alegría es bien mesiánico por excelencia (Is 35, himno a la alegría; Is 60; Is 65,18). La alegría humana es limitada (Prov 14,13) y ambigua (Qo 7,2-4).