Sobre el lenguaje humano no hay mucha reflexión explícita. Gn 2 presenta el primer nombrar de Adán, Gn 11 explica la diversidad de las lenguas. Se reconoce la importancia suma del lenguaje; por eso sapienciales y códigos legales insisten en la veracidad y previenen contra pecados de maledicencia. La palabra de Dios llena el AT, y en la reflexión posterior todo él es palabra de Dios. Siguiendo el esquema de ↗alianza podemos distinguir: una palabra que narra, otra que manda, otra que sanciona conminando y prometiendo. Los profetas (↗profeta) actualizan la primera interpretando la historia; la segunda, comunicando órdenes concretas; la tercera, con sus oráculos de condena y sus promesas, hasta la promesa escatológica. La palabra es activa y eficaz en la historia: llega, se cumple; a través del hombre o a pesar de él. Registrada por escrito puede alcanzar futuras generaciones. Algunos autores (sobre todo de la escuela sacerdotal) introducen a Dios hablando en sus narraciones para representar su intervención en la historia. ↗Hablar.