Dios tienta al hombre poniéndolo a prueba, para que el hombre se realice: el ser libre del hombre crece (Gn 22), la actitud se hace acto y se afianza (Dt 8), el justo se acrisola (Sab 3,1-9). Algunos textos presentar dramáticamente un tentador: externo al hombre, como la serpiente (Gn 3) o Satán (Job): o interno, como el oráculo del Pecado (Sal 36,2).