La sociedad israelítica conoce el juicio bilateral, en que dos discuten su causa en presencia de los ancianos (testigos notariales), y el juicio trilateral en que dos llevan su pleito a un juez (Dt 1,16-17); es posible la apelación a un tribunal civil superior, al tribunal del templo (Dt 17,8-13) y al juicio de Dios en forma de ordalía (Nm 5,11). El rey puede ser parte de un juicio bilateral (1Sm 24 y 1Sm 26: David con Saúl), y tiene como función específica juzgar como juez (1Re 3: juicio salomónico). Una legislación, más repetida y motivada que diferenciada, quiere proteger la ↗justicia de los tribunales contra partidismos y soborno, falsos testimonios (↗testigo) y precipitación (Ex 23,1-9; Dt 16,18-19). Y hay salmos apasionados que gritan contra la injusticia de los tribunales (Sal 58; Sal 94). El juicio es uno de los símbolos o esquemas más frecuentes y más desarrollados para explicar la acción de Dios en la historia: Dios entra en juicio bilateral: contra el Faraón (Ex 9,27) y contra su pueblo, incluso en forma litúrgica (Sal 50-51; Sal 81); esto constituye una de las formas de la denuncia profética. También actúa como juez en el pleito o lesión de la justicia entre hombres (Gn 30,42ss): sea que el hombre apele a Dios o que el responsable se desentienda. Dios dirige la historia interviniendo con "juicios" o sentencias ejecutadas, y el acto final, antes de la instauración de la teocracia esca- tológica, tendrá la forma de juicio (véase introducción a Is 24-27). Son días del Señor y el día del Señor. Las piezas del proceso aparecen libremente: Dios denuncia, juzga, sentencia y ejecuta la sentencia, o se la encomienda a otro. De este modo "hace justicia" defendiendo el derecho del oprimido, manifiesta su justicia imparcial, pero no neutral, restablece la justicia en la sociedad humana. La justicia vindicativa de Dios se llama a veces venganza (Sal 94). Sobre la justicia retributiva: ↗Retribución. A veces el hombre quiere enjuiciar a Dios o vérselas con él en un juicio bilateral (véase Job).