Es la actitud consolidada, "endurecida", que rechaza la palabra de Dios; como actitud, es resultado de un proceso dialéctico, que aumenta la gravedad y la dureza; puede ser individual y colectiva (Jr 9,13; Jr 13,17; Dt 29,18). En un sentido es causante el hombre, por su reacción repetida; en otro es causante Dios, que vuelve a enviar su palabra; las dos versiones están registradas en el AT.