Es la concreción del obrar de Dios en la historia humana por medio de hombres. Como tal, es iniciativa indiscutible de Dios (Eclo 33,7-15; Ex 33,19) y no se basa en méritos humanos (Dt 7 y Dt 9), sino que crea el valor (Is 43,3-4). Dios elige un pueblo, para que viva en la historia la experiencia de Dios y la muestre en vivo a otros y la formule para los futuros; dentro del pueblo escoge jefes, reyes, profetas, sacerdotes; también elige "un siervo" fuera del pueblo. Los elige para funciones o misiones específicas en la historia. El elegido puede y debe aceptar la elección, puede hacerse indigno de ella y ser rechazado por Dios (Saúl, Eli). Porque la elección es para una misión, muchas veces difícil (Jr, Ez), crea mayores exigencias (Am 3,2); no es para el privilegio, aunque pueda traer consigo bendiciones y protección. Es una deformación interpretar la elección en términos exclusivistas, que combaten Jonás y las profecías escatológicas con la idea de la llamada universal.