Es un hecho ineludible, tanto más temible para el israelita, cuanto que desconoce sus causas físicas, procede a tientas en el diagnóstico y sólo conoce remedios empíricos para algunas dolencias. Lv 13 ofrece un cuadro de síntomas para diagnosticar enfermedades de la piel en su relación con el culto y la vida social (quizá se consideraban más contagiosas). Especialmente en casos de epidemia podían imaginar la acción de espíritus malignos (Sal 91,6), la acción de un Satán en la ficción de Job. Es frecuente atribuirla directamente a Dios como castigo o prueba: Dios "hiere / golpea" (Gn 12,7; 1Sm 5,6-12; 2Re 15,5). Hay un conjunto de salmos de enfermos: el israelita ora, confiesa sus pecados, acepta la dolencia como castigo, pide la curación (Sal 6; Sal 31; Sal 32; Sal 38; Sal 41). A la enfermedad se suma con frecuencia el factor social: desvío de los allegados, hostilidad de los rivales. Isaías cura con un remedio empírico (Is 39,21). Eclesiástico da consejos también sobre el médico (Eclo 38,1-15). Dios cura incluso de enfermedades mortales (Sal 30,3s; Sal 103,3; Sal 107,17-20); en la era definitiva curará de mutilaciones (Is 35).