Tiene un vocabulario abundante; se representa como congoja, angustia, consternación, abatimiento, pesar, amargura. Su manifestación externa y social es el luto y el duelo. Sus causas son varias: personales (Prov 14,10), familiares (Sal 35,14), por los hijos, Jacob por José (Gn 37,34s), David por Absalón (2Sm 19,1-5), por la necedad de un hijo (Prov 10,1); por Jerusalén (Sal 102,15 y Lam), por la esclavitud (Ex 1,14). Algunos efectos (Sal 31,10). Amargura: Rut 1,13, de la muerte (1Sm 15,32). Tristeza por un pecado cometido es arrepentimiento: David (2Sm 12); Ajaz (1Re 21); en actos o plegarias penitenciales (Neh 9); ha de ser interior (Sal 51). Una variante es el remordimiento (2Sm 24,10). Contraria al arrepentimiento es la obstinación o contumacia, que se llama "cerviz dura" (Jr 7,26), "corazón de piedra" (Ez 36,26), "de frente fuerte y corazón duro" (Ez 3,7); ejemplo típico es el Faraón. ↗Alegría.