La misma palabra hebrea berit puede significar un contrato (Gn 31,44ss), un convenio o acuerdo entre amigos (1Sm 18,3; 1Sm 23,18), un pacto de los subditos con su rey (2Sm 5,3), una alianza entre dos reyes o naciones (1Re 5,2ss). Entre reyes se da el pacto entre iguales o entre soberano y vasallo (Ez 17,14ss). El texto de la alianza podía tener una introducción o prólogo histórico, el acuerdo de base, sus cláusulas, una serie de sanciones. El juramento por los dioses de ambas partes y también un sacrificio sancionaban el tratado, y su texto se conservaba en los archivos. Los profetas previenen a Israel contra el peligro de las alianzas humanas (Is 28-29). Esta institución humana, con sus elementos literarios, la utilizan varios autores bíblicos para simbolizar cultural y ritualmente la unión del pueblo con su Dios. Aparte referencias sueltas o elementos de alianza dispersos, el AT nos ofrece dos tipos fundamentales de alianza. Una, representada por la escuela sacerdotal, es de signo unilateral, y se reduce prácticamente a una promesa solemne de Dios. Tres pactos jalonan esta historia: la alianza con Noé, de alcance universal, cuyo signo es cósmico: el arco iris (Gn 9,1-17); la segunda, con Abrahán, limitada por la elección, cuyo signo se refiere a la fecundidad: la circuncisión (Gn 17); la tercera es con Moisés y el pueblo, con valor institucional, y su signo es el sábado. En estos casos, el hombre acepta la alianza (= promesa de Dios) con un acto de fe y confianza; se fía de Dios de modo que tal actitud orienta su vida. El segundo tipo, representado por la escuela deuteronomista, concibe la alianza en forma de pacto entre soberano y vasallo, con su rica articulación literaria, subrayando a la vez la iniciativa libre y generosa del Señor, y el libre compromiso humano. Dios coloca al pueblo en situación de compromiso bilateral, que se condensa en la fórmula "vosotros sois mi pueblo, yo soy vuestro Dios". La alianza se sella en el Sinaí (Ex 19 y Ex 24), se renueva en Moab (Dt 29-30) y en Siquén (Jos 24). Véanse dichos textos con la introducción a Ex 19 y a Dt. En este segundo esquema las cláusulas son: primero las "diez palabras" o decálogo, al que se añade el llamado Código de la Alianza (véase Ley); las bendiciones y maldiciones sancionan, como premio y castigo, el cumplimiento. La actitud fundamental del pueblo se puede llamar fidelidad, o amor, o temor, o bien pegarse al Señor, seguirlo, etc., etc.; se va realizando en actos de obediencia o cumplimiento. Es exclusiva, no admite otros dioses. A las anteriores se añade la alianza con David, que es más bien una promesa a la dinastía (2Sm 7; Sal 89). La alianza sinaítica fracasa, porque el pueblo la quebranta, y la alianza davídica evoluciona por el dinamismo de la promesa. Así se abre paso la idea de la futura nueva alianza, escatológica, mesiánica (Jr 31,31-34; Jr 33,14-22; Ez 36,22-32). Ben Sirá describe la creación de Adán en términos de alianza, según el modelo sinaítico (Eclo 17,11-14). La alianza es uno de los grandes símbolos o patrones del AT, que sirve para interpretar las relaciones de los hombres con Dios. Es una de las categorías centrales.