La antigua Urusalimu, la ciudad cananea de Melquisedec y Adonisec, fue audazmente conquistada por David, quien la convirtió en capital del reino unido. Esta ↗elección queda ratificada por Dios, y Jerusalén se convierte en la ciudad elegida (2Sm 5). En lo civil, es la capital, el centro del gobierno y la justicia (Sal 122), centro de unificación (que dura poco). En lo religioso, es la ciudad del ↗templo, donde el Señor está presente en medio de su pueblo, lo bendice y protege. La dimensión civil y religiosa se conjugan haciendo -según uso antiguo- de la capital el símbolo o encarnación del pueblo, en la doble imagen femenina de joven hermosa y madre fecunda y acogedora. Este simbolismo es ampliamente explotado en profecías escatológicas (especialmente Is 49; Is 52; Is 54; Is 60; Is 62; Is 66). En el reino escatológico, Dios reinará en Sión (Is 25; Zac 9,9), y todas las naciones acudirán a ella (Zac 9,14), incluso será la cuna de pueblos extranjeros (Sal 87). ↗Ciudad.