El hebreo designa el universo con la bina cielo y tierra, a la cual añade a veces el mar o las aguas. Su visión física del universo es muy elemental; se puede apreciar en Gn 1 y Job 26; Job 38. Es una visión horizontal en niveles (Sal 148): en el ↗cielo (reino de Dios, Sal 135) están los astros como criaturas animadas; más abajo están los meteoros, y en la capa inferior vuelan las aves; la tierra se llena de plantas (que nunca se llaman vivas) y de animales (↗animal), y es el reino del hombre; el ↗mar está alrededor o al lado, y está poblado de peces; hay un océano subterráneo que aflora en fuentes y corrientes; una capa subterránea es el reino de los muertos (↗muerte). Es un mundo dinámico: creado al principio por Dios (↗Creación), sometido a leyes que obedece, diferenciado en oposiciones y especies; resultado de una sabiduría artesana que actúa y se revela en él. Está ofrecido al hombre para el dominio, pero el hombre se siente desbordado por su inmensidad. El hombre se abre a su contemplación y estudio (Sal 104; Prov 8; Eclo 1; Eclo 42-43; Job 38-41). Los libros de la Sabiduría y de los Macabeos introducen el concepto griego de kosmos.