Dios determina el orden de la creación por actos de separación que distinguen seres y asignan puestos y funciones y hasta especies (Gn 1); las oposiciones realzan la armonía (Eclo 33,7-15); las diversas funciones (Eclo 39,20-35). Se puede considerar acción del espíritu o de la palabra; Eclo 1 y Sab 8 lo consideran acción de la Sabiduría o Destreza. Los nombres fijan y revelan el orden. El final del libro de la Sabiduría habla de un cambio de funciones de los elementos que no turba el orden, sino que somete a una finalidad salvífica (Sab 19,18-22). Sal 104 contempla una armonía de tiempos y espacios. Sal 148 subordina el orden a la alabanza de Dios. El hombre se ordena en la sociedad por las instituciones y leyes que proceden de Dios. El orden social busca armonía y estabilidad; los cambios pueden ser desgraciados (Prov 20,22s; Qo 10,6s). Turban el orden catástrofes naturales como el diluvio y también el pecado del hombre: la tierra da cardos (Gn 3,18), niega su fecundidad (Gn 4,12); hasta el mundo celeste se perturba en un juicio escatológico (Is 34,4). Sal 104,35 pide la remoción definitiva del desorden del pecado. ↗Creación.