El deseo de ser o aparecer superior a otros es considerado en el AT como vicio capital, condenado por doctores y profetas; su opuesto es la humildad. El vocabulario de la soberbia usa dos raíces principales: gáh con su derivados y rwm en composición. La soberbia provoca, como castigo inmanente, la humillación, la humildad trae gloria; la formula en paralelismo antitético (Prov 29,13). La oposición se extrema cuando entra en escena Dios: Is 2,9-18 describe la humillación de toda la soberbia humana y la exaltación única de Dios. Ben Sirá propone una instrucción sobre la soberbia (Eclo 10,7-17) y otra sobre la humildad (Eclo 4,17-24). En alegoría de árbol y como figura ejemplar (Ez 31) describe el engreimiento de Egipto y su caída fatal hasta el Abismo; con otra imagen (Is 14). También es proverbial la soberbia de Moab (Jr 48). Raíz y alimento de la soberbia puede ser la prosperidad (Sal 73,6; Ez 16,49), la abundancia (Dt 8,11-17). La Sabiduría detesta el orgullo (Prov 8,13), Dios lo aborrece y castiga (Prov 15,25; Prov 16,5). El hombre debe contentarse y no aspirar a lo que sobrepasa su alcance (Sal 133); Dios favorece a los humildes (Prov 3,34).